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El Quijote
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α Día 2014-12-31 ω
3449 pollinos, de cuatro o cinco que estaban en casa. Y, con esto, les contó la pérdida del rucio. Consolóle el cura, y díjole 3450que, en hallando a su señor, él le haría revalidar la manda y que tornase a hacer la libranza en papel, como era uso y 3451costumbre, porque las que se hacían en libros de memoria jamás se acetaban ni cumplían. Con esto se consoló Sancho, y dijo 3452que, como aquello fuese ansí, que no le daba mucha pena la pérdida de la carta de Dulcinea, porque él la sabía casi de 3453memoria, de la cual se podría trasladar donde y cuando quisiesen. -Decildo, Sancho, pues -dijo el barbero-, que después la 3454trasladaremos. Paróse Sancho Panza a rascar la cabeza para traer a la memoria la carta, y ya se ponía sobre un pie, y ya 3455sobre otro; unas veces miraba al suelo, otras al cielo; y, al cabo de haberse roído la mitad de la yema de un dedo, teniendo 3456 suspensos a los que esperaban que ya la dijese, dijo al cabo de grandísimo rato: -Por Dios, señor licenciado, que los 3457diablos lleven la cosa que de la carta se me acuerda; aunque en el principio decía: «Alta y sobajada señora». -No diría - 3458dijo el barbero- sobajada, sino sobrehumana o soberana señora. -Así es -dijo Sancho-. Luego, si mal no me acuerdo, proseguía. 3459.., si mal no me acuerdo: «el llego y falto de sueño, y el ferido besa a vuestra merced las manos, ingrata y muy desconocida 3460 hermosa», y no qué decía de salud y de enfermedad que le enviaba, y por aquí iba escurriendo, hasta que acababa en « 3461Vuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste Figura». No poco gustaron los dos de ver la buena memoria de Sancho Panza, 3462 y alabáronsela mucho, y le pidieron que dijese la carta otras dos veces, para que ellos, ansimesmo, la tomasen de memoria 3463para trasladalla a su tiempo. Tornóla a decir Sancho otras tres veces, y otras tantas volvió a decir otros tres mil 3464disparates. Tras esto, contó asimesmo las cosas de su amo, pero no habló palabra acerca del manteamiento que le había 3465sucedido en aquella venta, en la cual rehusaba entrar. Dijo también como su señor, en trayendo que le trujese buen despacho 3466de la señora Dulcinea del Toboso, se había de poner en camino a procurar cómo ser emperador, o, por lo menos, monarca; que 3467así lo tenían concertado entre los dos, y era cosa muy fácil venir a serlo, según era el valor de su persona y la fuerza de 3468su brazo; y que, en siéndolo, le había de casar a él, porque ya sería viudo, que no podía ser menos, y le había de dar por 3469mujer a una doncella de la emperatriz, heredera de un rico y grande estado de tierra firme, sin ínsulos ni ínsulas, que ya 3470no las quería. Decía esto Sancho con tanto reposo, limpiándose de cuando en cuando las narices, y con tan poco juicio, que 3471los dos se admiraron de nuevo, considerando cuán vehemente había sido la locura de don Quijote, pues había llevado tras 3472el juicio de aquel pobre hombre. No quisieron cansarse en sacarle del error en que estaba, pareciéndoles que, pues no le 3473dañaba nada la conciencia, mejor era dejarle en él, y a ellos les sería de más gusto oír sus necedades. Y así, le dijeron 3474que rogase a Dios por la salud de su señor, que cosa contingente y muy agible era venir, con el discurso del tiempo, a ser 3475emperador, como él decía, o, por lo menos, arzobispo, o otra dignidad equivalente. A lo cual respondió Sancho: -Señores, si 3476la fortuna rodease las cosas de manera que a mi amo le viniese en voluntad de no ser emperador, sino de ser arzobispo, 3477querría yo saber agora qué suelen dar los arzobispos andantes a sus escuderos. -Suélenles dar -respondió el cura- algún