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El Quijote
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α Día 2016-04-11 ω
16679socarrón dejó de dárselos en las espaldas, y daba en los árboles, con unos suspiros de cuando en cuando, que parecía que con 16680 cada uno dellos se le arrancaba el alma. Tierna la de don Quijote, temeroso de que no se le acabase la vida, y no 16681consiguiese su deseo por la imprudencia de Sancho, le dijo:

-Por tu vida, amigo, que se quede en este punto este negocio,
16682 que me parece muy áspera esta medicina, y será bien dar tiempo al tiempo; que no se ganó Zamora en un hora. Más de mil 16683azotes, si yo no he contado mal, te has dado: bastan por agora; que el asno, hablando a lo grosero, sufre la carga, mas no 16684la sobrecarga.

-No, no, señor -respondió Sancho-, no se ha de decir por : "a dineros pagados, brazos quebrados".
16685Apártese vuestra merced otro poco y déjeme dar otros mil azotes siquiera, que a dos levadas déstas habremos cumplido con 16686esta partida, y aún nos sobrará ropa.

-Pues te hallas con tan buena disposición -dijo don Quijote-, el cielo te ayude,
16687 y pégate, que yo me aparto.

Volvió Sancho a su tarea con tanto denuedo, que ya había quitado las cortezas a muchos
16688árboles: tal era la riguridad con que se azotaba; y, alzando una vez la voz, y dando un desaforado azote en una haya, dijo: 16689Aquí morirás, Sansón, y cuantos con él son!

Acudió don Quijote luego al son de la lastimada voz y del golpe del
16690riguroso azote, y, asiendo del torcido cabestro que le servía de corbacho a Sancho, le dijo:

-No permita la suerte,
16691Sancho amigo, que por el gusto mío pierdas la vida, que ha de servir para sustentar a tu mujer y a tus hijos: espere 16692Dulcinea mejor coyuntura, que yo me contendré en los límites de la esperanza propincua, y esperaré que cobres fuerzas nuevas 16693, para que se concluya este negocio a gusto de todos.

-Pues vuestra merced, señor mío, lo quiere así -respondió Sancho-,
16694sea en buena hora, y écheme su ferreruelo sobre estas espaldas, que estoy sudando y no querría resfriarme; que los nuevos 16695diciplinantes corren este peligro.

Hízolo así don Quijote, y, quedándose en pelota, abrigó a Sancho, el cual se durmió
16696hasta que le despertó el sol, y luego volvieron a proseguir su camino, a quien dieron fin, por entonces, en un lugar que 16697tres leguas de allí estaba. Apeáronse en un mesón, que por tal le reconoció don Quijote, y no por castillo de cava honda, 16698torres, rastrillos y puente levadiza; que, después que le vencieron, con más juicio en todas las cosas discurría, como 16699agora se dirá. Alojáronle en una sala baja, a quien servían de guadameciles unas sargas viejas pintadas, como se usan en las 16700 aldeas. En una dellas estaba pintada de malísima mano el robo de Elena, cuando el atrevido huésped se la llevó a Menalao, 16701y en otra estaba la historia de Dido y de Eneas, ella sobre una alta torre, como que hacía señas con una media sábana al 16702fugitivo huésped, que por el mar, sobre una fragata o bergantín, se iba huyendo.

Notó en las dos historias que Elena no
16703iba de muy mala gana, porque se reía a socapa y a lo socarrón; pero la hermosa Dido mostraba verter lágrimas del tamaño de 16704nueces por los ojos. Viendo lo cual don Quijote, dijo:

-Estas dos señoras fueron desdichadísimas, por no haber nacido en
16705esta edad, y yo sobre todos desdichado en no haber nacido en la suya: encontrara a aquestos señores, ni fuera abrasada 16706Troya, ni Cartago destruida, pues con sólo que yo matara a Paris se escusaran tantas desgracias.

-Yo apostaré -dijo