(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2016-04-10 ω
16651merece la grandeza y calidad deste remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte; toma el 16652tiento a lo que llevas mío, y pon el precio a cada azote.

-Ellos -respondió Sancho- son tres mil y trecientos y tantos;
16653de ellos me he dado hasta cinco: quedan los demás; entren entre los tantos estos cinco, y vengamos a los tres mil y 16654trecientos, que a cuartillo cada uno, que no llevaré menos si todo el mundo me lo mandase, montan tres mil y trecientos 16655cuartillos, que son los tres mil, mil y quinientos medios reales, que hacen setecientos y cincuenta reales; y los trecientos 16656 hacen ciento y cincuenta medios reales, que vienen a hacer setenta y cinco reales, que, juntándose a los setecientos y 16657cincuenta, son por todos ochocientos y veinte y cinco reales. Éstos desfalcaré yo de los que tengo de vuestra merced, y 16658entraré en mi casa rico y contento, aunque bien azotado; porque no se toman truchas..., y no digo más.

Oh Sancho
16659bendito! ¡Oh Sancho amable -respondió don Quijote-, y cuán obligados hemos de quedar Dulcinea y yo a servirte todos los días 16660 que el cielo nos diere de vida! Si ella vuelve al ser perdido, que no es posible sino que vuelva, su desdicha habrá sido 16661dicha, y mi vencimiento, felicísimo triunfo. Y mira, Sancho, cuándo quieres comenzar la diciplina, que porque la abrevies 16662te añado cien reales.

-¿Cuándo? -replicó Sancho-. Esta noche, sin falta. Procure vuestra merced que la tengamos en el
16663campo, al cielo abierto, que yo me abriré mis carnes.

Llegó la noche, esperada de don Quijote con la mayor ansia del mundo
16664, pareciéndole que las ruedas del carro de Apolo se habían quebrado, y que el día se alargaba más de lo acostumbrado, bien 16665así como acontece a los enamorados, que jamás ajustan la cuenta de sus deseos. Finalmente, se entraron entre unos amenos 16666árboles que poco desviados del camino estaban, donde, dejando vacías la silla y albarda de Rocinante y el rucio, se 16667tendieron sobre la verde yerba y cenaron del repuesto de Sancho; el cual, haciendo del cabestro y de la jáquima del rucio un 16668 poderoso y flexible azote, se retiró hasta veinte pasos de su amo, entre unas hayas. Don Quijote, que le vio ir con 16669denuedo y con brío, le dijo:

-Mira, amigo, que no te hagas pedazos; da lugar que unos azotes aguarden a otros; no quieras
16670 apresurarte tanto en la carrera, que en la mitad della te falte el aliento; quiero decir que no te des tan recio que te 16671falte la vida antes de llegar al número deseado. Y, porque no pierdas por carta de más ni de menos, yo estaré desde aparte 16672contando por este mi rosario los azotes que te dieres. Favorézcate el cielo conforme tu buena intención merece.

-Al buen
16673pagador no le duelen prendas -respondió Sancho-: yo pienso darme de manera que, sin matarme, me duela; que en esto debe de 16674consistir la sustancia deste milagro.

Desnudóse luego de medio cuerpo arriba, y, arrebatando el cordel, comenzó a darse,
16675 y comenzó don Quijote a contar los azotes.

Hasta seis o ocho se habría dado Sancho, cuando le pareció ser pesada la
16676burla y muy barato el precio della, y, deteniéndose un poco, dijo a su amo que se llamaba a engaño, porque merecía cada 16677azote de aquéllos ser pagado a medio real, no que a cuartillo.

-Prosigue, Sancho amigo, y no desmayes -le dijo don
16678Quijote-, que yo doblo la parada del precio.

-Dese modo -dijo Sancho-, ¡a la mano de Dios, y lluevan azotes!

Pero el