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El Quijote
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α Día 2016-04-05 ω
16511escusadas para la claridad desta historia

Durmió Sancho aquella noche en una carriola, en el mesmo aposento de don
16512Quijote, cosa que él quisiera escusarla, si pudiera, porque bien sabía que su amo no le había de dejar dormir a preguntas y 16513a respuestas, y no se hallaba en disposición de hablar mucho, porque los dolores de los martirios pasados los tenía 16514presentes, y no le dejaban libre la lengua, y viniérale más a cuento dormir en una choza solo, que no en aquella rica 16515estancia acompañado. Salióle su temor tan verdadero y su sospecha tan cierta, que, apenas hubo entrado su señor en el lecho 16516, cuando dijo:

-¿Qué te parece, Sancho, del suceso desta noche? Grande y poderosa es la fuerza del desdén desamorado,
16517como por tus mismos ojos has visto muerta a Altisidora, no con otras saetas, ni con otra espada, ni con otro instrumento 16518bélico, ni con venenos mortíferos, sino con la consideración del rigor y el desdén con que yo siempre la he tratado.

-
16519Muriérase ella en hora buena cuanto quisiera y como quisiera -respondió Sancho-, y dejárame a en mi casa, pues ni yo la 16520enamoré ni la desdeñé en mi vida. Yo no ni puedo pensar cómo sea que la salud de Altisidora, doncella más antojadiza que 16521 discreta, tenga que ver, como otra vez he dicho, con los martirios de Sancho Panza. Agora que vengo a conocer clara y 16522distintamente que hay encantadores y encantos en el mundo, de quien Dios me libre, pues yo no me librar; con todo esto, 16523suplico a vuestra merced me deje dormir y no me pregunte más, si no quiere que me arroje por una ventana abajo.

-Duerme,
16524 Sancho amigo -respondió don Quijote-, si es que te dan lugar los alfilerazos y pellizcos recebidos, y las mamonas hechas. 16525 -Ningún dolor -replicó Sancho- llegó a la afrenta de las mamonas, no por otra cosa que por habérmelas hecho dueña, que 16526confundidas sean; y torno a suplicar a vuesa merced me deje dormir, porque el sueño es alivio de las miserias de los que 16527las tienen despiertas.

Sea así -dijo don Quijote-, y Dios te acompañe.

Durmiéronse los dos, y en este tiempo quiso
16528escribir y dar cuenta Cide Hamete, autor desta grande historia, qué les movió a los duques a levantar el edificio de la 16529máquina referida. Y dice que, no habiéndosele olvidado al bachiller Sansón Carrasco cuando el Caballero de los Espejos fue 16530vencido y derribado por don Quijote, cuyo vencimiento y caída borró y deshizo todos sus designios, quiso volver a probar la 16531 mano, esperando mejor suceso que el pasado; y así, informándose del paje que llevó la carta y presente a Teresa Panza, 16532mujer de Sancho, adónde don Quijote quedaba, buscó nuevas armas y caballo, y puso en el escudo la blanca luna, llevándolo 16533todo sobre un macho, a quien guiaba un labrador, y no Tomé Cecial, su antiguo escudero, porque no fuese conocido de Sancho 16534ni de don Quijote.

Llegó, pues, al castillo del duque, que le informó el camino y derrota que don Quijote llevaba, con
16535intento de hallarse en las justas de Zaragoza. Díjole asimismo las burlas que le había hecho con la traza del desencanto de 16536 Dulcinea, que había de ser a costa de las posaderas de Sancho. En fin, dio cuenta de la burla que Sancho había hecho a su 16537amo, dándole a entender que Dulcinea estaba encantada y transformada en labradora, y cómo la duquesa su mujer había dado a 16538entender a Sancho que él era el que se engañaba, porque verdaderamente estaba encantada Dulcinea; de que no poco se rió y 16539admiró el bachiller, considerando la agudeza y simplicidad de Sancho, como del estremo de la locura de don Quijote.