El Quijote
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16483cuando él, más blando y más persuadido, poniéndose bien en la silla, dio rostro y barba a la primera, la cual la hizo una 16484mamona muy bien sellada, y luego una gran reverencia.
-¡Menos cortesía; menos mudas, señora dueña -dijo Sancho-; que por 16485Dios que traéis las manos oliendo a vinagrillo!
Finalmente, todas las dueñas le sellaron, y otra mucha gente de casa le 16486pellizcaron; pero lo que él no pudo sufrir fue el punzamiento de los alfileres; y así, se levantó de la silla, al parecer 16487mohíno, y, asiendo de una hacha encendida que junto a él estaba, dio tras las dueñas, y tras todos su verdugos, diciendo: 16488 -¡Afuera, ministros infernales, que no soy yo de bronce, para no sentir tan extraordinarios martirios!
En esto, 16489Altisidora, que debía de estar cansada por haber estado tanto tiempo supina, se volvió de un lado; visto lo cual por los 16490circunstantes, casi todos a una voz dijeron:
-¡Viva es Altisidora! ¡Altisidora vive!
Mandó Radamanto a Sancho que 16491depusiese la ira, pues ya se había alcanzado el intento que se procuraba.
Así como don Quijote vio rebullir a Altisidora, 16492 se fue a poner de rodillas delante de Sancho, diciéndole:
-Agora es tiempo, hijo de mis entrañas, no que escudero mío, 16493que te des algunos de los azotes que estás obligado a dar por el desencanto de Dulcinea. Ahora, digo, que es el tiempo 16494donde tienes sazonada la virtud, y con eficacia de obrar el bien que de ti se espera.
A lo que respondió Sancho:
-Esto 16495 me parece argado sobre argado, y no miel sobre hojuelas. Bueno sería que tras pellizcos, mamonas y alfilerazos viniesen 16496ahora los azotes. No tienen más que hacer sino tomar una gran piedra, y atármela al cuello, y dar conmigo en un pozo, de lo 16497 que a mí no pesaría mucho, si es que para curar los males ajenos tengo yo de ser la vaca de la boda. Déjenme; si no, por 16498Dios que lo arroje y lo eche todo a trece, aunque no se venda.
Ya en esto, se había sentado en el túmulo Altisidora, y al 16499mismo instante sonaron las chirimías, a quien acompañaron las flautas y las voces de todos, que aclamaban:
-¡Viva 16500Altisidora! ¡Altisidora viva!
Levantáronse los duques y los reyes Minos y Radamanto, y todos juntos, con don Quijote y 16501Sancho, fueron a recebir a Altisidora y a bajarla del túmulo; la cual, haciendo de la desmayada, se inclinó a los duques y a 16502 los reyes, y, mirando de través a don Quijote, le dijo:
-Dios te lo perdone, desamorado caballero, pues por tu crueldad 16503he estado en el otro mundo, a mi parecer, más de mil años; y a ti, ¡oh el más compasivo escudero que contiene el orbe!, te 16504agradezco la vida que poseo. Dispón desde hoy más, amigo Sancho, de seis camisas mías que te mando para que hagas otras 16505seis para ti; y, si no son todas sanas, a lo menos son todas limpias.
Besóle por ello las manos Sancho, con la coroza en 16506la mano y las rodillas en el suelo. Mandó el duque que se la quitasen, y le volviesen su caperuza, y le pusiesen el sayo, y 16507 le quitasen la ropa de las llamas. Suplicó Sancho al duque que le dejasen la ropa y mitra, que las quería llevar a su 16508tierra, por señal y memoria de aquel nunca visto suceso. La duquesa respondió que sí dejarían, que ya sabía él cuán grande 16509amiga suya era. Mandó el duque despejar el patio, y que todos se recogiesen a sus estancias, y que a don Quijote y a Sancho 16510 los llevasen a las que ellos ya se sabían.
Capítulo LXX. Que sigue al de sesenta y nueve, y trata de cosas no
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