El Quijote
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15727requiebros, alzó la voz y dijo:
-Fugite, partes adversae!: dejadme en mi sosiego, pensamientos mal venidos. Allá os 15728avenid, señoras, con vuestros deseos, que la que es reina de los míos, la sin par Dulcinea del Toboso, no consiente que 15729ningunos otros que los suyos me avasallen y rindan.
Y, diciendo esto, se sentó en mitad de la sala, en el suelo, molido y 15730 quebrantado de tan bailador ejercicio. Hizo don Antonio que le llevasen en peso a su lecho, y el primero que asió dél fue 15731Sancho, diciéndole:
-¡Nora en tal, señor nuestro amo, lo habéis bailado! ¿Pensáis que todos los valientes son danzadores 15732y todos los andantes caballeros bailarines? Digo que si lo pensáis, que estáis engañado; hombre hay que se atreverá a matar 15733a un gigante antes que hacer una cabriola. Si hubiérades de zapatear, yo supliera vuestra falta, que zapateo como un 15734girifalte; pero en lo del danzar, no doy puntada.
Con estas y otras razones dio que reír Sancho a los del sarao, y dio 15735con su amo en la cama, arropándole para que sudase la frialdad de su baile.
Otro día le pareció a don Antonio ser bien 15736hacer la experiencia de la cabeza encantada, y con don Quijote, Sancho y otros dos amigos, con las dos señoras que habían 15737molido a don Quijote en el baile, que aquella propia noche se habían quedado con la mujer de don Antonio, se encerró en la 15738estancia donde estaba la cabeza. Contóles la propiedad que tenía, encargóles el secreto y díjoles que aquél era el primero 15739día donde se había de probar la virtud de la tal cabeza encantada; y si no eran los dos amigos de don Antonio, ninguna otra 15740 persona sabía el busilis del encanto, y aun si don Antonio no se le hubiera descubierto primero a sus amigos, también 15741ellos cayeran en la admiración en que los demás cayeron, sin ser posible otra cosa: con tal traza y tal orden estaba 15742fabricada.
El primero que se llegó al oído de la cabeza fue el mismo don Antonio, y díjole en voz sumisa, pero no tanto 15743que de todos no fuese entendida:
-Dime, cabeza, por la virtud que en ti se encierra: ¿qué pensamientos tengo yo agora? 15744Y la cabeza le respondió, sin mover los labios, con voz clara y distinta, de modo que fue de todos entendida, esta razón: 15745 -Yo no juzgo de pensamientos.
Oyendo lo cual, todos quedaron atónitos, y más viendo que en todo el aposento ni al 15746derredor de la mesa no había persona humana que responder pudiese.
-¿Cuántos estamos aquí? -tornó a preguntar don Antonio 15747.
Y fuele respondido por el propio tenor, paso:
-Estáis tú y tu mujer, con dos amigos tuyos, y dos amigas della, y un 15748caballero famoso llamado don Quijote de la Mancha, y un su escudero que Sancho Panza tiene por nombre.
¡Aquí sí que fue 15749el admirarse de nuevo, aquí sí que fue el erizarse los cabellos a todos de puro espanto! Y, apartándose don Antonio de la
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