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El Quijote
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α Día 2016-02-02 ω
14748no salgan comidos y bebidos, como suele decirse, y con un real, por lo menos, en dineros, y al cabo de su viaje salen con 14749más de cien escudos de sobra que, trocados en oro, o ya en el hueco de los bordones, o entre los remiendos de las 14750esclavinas, o con la industria que ellos pueden, los sacan del reino y los pasan a sus tierras, a pesar de las guardas de 14751los puestos y puertos donde se registran. Ahora es mi intención, Sancho, sacar el tesoro que dejé enterrado, que por estar 14752fuera del pueblo lo podré hacer sin peligro y escribir o pasar desde Valencia a mi hija y a mi mujer, que que está en 14753Argel, y dar traza como traerlas a algún puerto de Francia, y desde allí llevarlas a Alemania, donde esperaremos lo que Dios 14754 quisiere hacer de nosotros; que, en resolución, Sancho, yo cierto que la Ricota mi hija y Francisca Ricota, mi mujer, 14755son católicas cristianas, y, aunque yo no lo soy tanto, todavía tengo más de cristiano que de moro, y ruego siempre a Dios 14756me abra los ojos del entendimiento y me a conocer cómo le tengo de servir. Y lo que me tiene admirado es no saber por qué 14757 se fue mi mujer y mi hija antes a Berbería que a Francia, adonde podía vivir como cristiana

A lo que respondió Sancho
14758:

-Mira, Ricote, eso no debió estar en su mano, porque las llevó Juan Tiopieyo, el hermano de tu mujer; y, como debe de
14759ser fino moro, fuese a lo más bien parado, y séte decir otra cosa: que creo que vas en balde a buscar lo que dejaste 14760encerrado; porque tuvimos nuevas que habían quitado a tu cuñado y tu mujer muchas perlas y mucho dinero en oro que llevaban 14761por registrar.

-Bien puede ser eso -replicó Ricote-, pero yo , Sancho, que no tocaron a mi encierro, porque yo no les
14762descubrí dónde estaba, temeroso de algún desmán; y así, si , Sancho, quieres venir conmigo y ayudarme a sacarlo y a 14763encubrirlo, yo te daré docientos escudos, con que podrás remediar tus necesidades, que ya sabes que yo que las tienes 14764muchas.

-Yo lo hiciera -respondió Sancho-, pero no soy nada codicioso; que, a serlo, un oficio dejé yo esta mañana de las
14765 manos, donde pudiera hacer las paredes de mi casa de oro, y comer antes de seis meses en platos de plata; y, así por esto 14766como por parecerme haría traición a mi rey en dar favor a sus enemigos, no fuera contigo, si como me prometes docientos 14767escudos, me dieras aquí de contado cuatrocientos.

-Y ¿qué oficio es el que has dejado, Sancho? -preguntó Ricote.

-He
14768dejado de ser gobernador de una ínsula -respondió Sancho-, y tal, que a buena fee que no hallen otra como ella a tres 14769tirones.

-¿Y dónde está esa ínsula? -preguntó Ricote.

-¿Adónde? -respondió Sancho-. Dos leguas de aquí, y se llama la
14770ínsula Barataria.

-Calla, Sancho -dijo Ricote-, que las ínsulas están allá dentro de la mar; que no hay ínsulas en la
14771tierra firme.

-¿Cómo no? -replicó Sancho-. Dígote, Ricote amigo, que esta mañana me partí della, y ayer estuve en ella
14772gobernando a mi placer, como un sagitario; pero, con todo eso, la he dejado, por parecerme oficio peligroso el de los 14773gobernadores.

-Y ¿qué has ganado en el gobierno? -preguntó Ricote.

-He ganado -respondió Sancho- el haber conocido que
14774no soy bueno para gobernar, si no es un hato de ganado, y que las riquezas que se ganan en los tales gobiernos son a costa 14775de perder el descanso y el sueño, y aun el sustento; porque en las ínsulas deben de comer poco los gobernadores,