El Quijote
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14104enviudó no ha habido nadie en todo este lugar que pueda decir que ha visto el rostro de su hija; que la tiene tan encerrada 14105 que no da lugar al sol que la vea; y, con todo esto, la fama dice que es en estremo hermosa.
-Así es la verdad - 14106respondió la doncella-, y esa hija soy yo; si la fama miente o no en mi hermosura ya os habréis, señores, desengañado, pues 14107me habéis visto.
Y, en esto, comenzó a llorar tiernamente; viendo lo cual el secretario, se llegó al oído del 14108maestresala y le dijo muy paso:
-Sin duda alguna que a esta pobre doncella le debe de haber sucedido algo de importancia, 14109 pues en tal traje, y a tales horas, y siendo tan principal, anda fuera de su casa.
-No hay dudar en eso -respondió el 14110maestresala-; y más, que esa sospecha la confirman sus lágrimas.
Sancho la consoló con las mejores razones que él supo, y 14111 le pidió que sin temor alguno les dijese lo que le había sucedido; que todos procurarían remediarlo con muchas veras y por 14112 todas las vías posibles.
-«Es el caso, señores -respondió ella-, que mi padre me ha tenido encerrada diez años ha, que 14113son los mismos que a mi madre come la tierra. En casa dicen misa en un rico oratorio, y yo en todo este tiempo no he visto 14114que el sol del cielo de día, y la luna y las estrellas de noche, ni sé qué son calles, plazas, ni templos, ni aun hombres, 14115fuera de mi padre y de un hermano mío, y de Pedro Pérez el arrendador, que, por entrar de ordinario en mi casa, se me 14116antojó decir que era mi padre, por no declarar el mío. Este encerramiento y este negarme el salir de casa, siquiera a la 14117iglesia, ha muchos días y meses que me trae muy desconsolada; quisiera yo ver el mundo, o, a lo menos, el pueblo donde nací 14118, pareciéndome que este deseo no iba contra el buen decoro que las doncellas principales deben guardar a sí mesmas. Cuando 14119oía decir que corrían toros y jugaban cañas, y se representaban comedias, preguntaba a mi hermano, que es un año menor que 14120yo, que me dijese qué cosas eran aquéllas y otras muchas que yo no he visto; él me lo declaraba por los mejores modos que 14121sabía, pero todo era encenderme más el deseo de verlo. Finalmente, por abreviar el cuento de mi perdición, digo que yo 14122rogué y pedí a mi hermano, que nunca tal pidiera ni tal rogara...»
Y tornó a renovar el llanto. El mayordomo le dijo:
14123-Prosiga vuestra merced, señora, y acabe de decirnos lo que le ha sucedido, que nos tienen a todos suspensos sus palabras y 14124sus lágrimas.
-Pocas me quedan por decir -respondió la doncella-, aunque muchas lágrimas sí que llorar, porque los mal 14125colocados deseos no pueden traer consigo otros descuentos que los semejantes.
Habíase sentado en el alma del maestresala 14126la belleza de la doncella, y llegó otra vez su lanterna para verla de nuevo; y parecióle que no eran lágrimas las que 14127lloraba, sino aljófar o rocío de los prados, y aun las subía de punto y las llegaba a perlas orientales, y estaba deseando 14128que su desgracia no fuese tanta como daban a entender los indicios de su llanto y de sus suspiros. Desesperábase el 14129gobernador de la tardanza que tenía la moza en dilatar su historia, y díjole que acabase de tenerlos más suspensos, que era 14130 tarde y faltaba mucho que andar del pueblo. Ella, entre interrotos sollozos y mal formados suspiros, dijo:
-«No es otra 14131mi desgracia, ni mi infortunio es otro sino que yo rogué a mi hermano que me vistiese en hábitos de hombre con uno de sus
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