El Quijote
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14076quiero?
-No, por cierto -dijo el secretario-, y el hombre ha salido con su intención.
-De modo -dijo Sancho- que no 14077dejaréis de dormir por otra cosa que por vuestra voluntad, y no por contravenir a la mía.
-No, señor -dijo el mozo-, ni 14078por pienso.
-Pues andad con Dios -dijo Sancho-; idos a dormir a vuestra casa, y Dios os dé buen sueño, que yo no quiero 14079quitárosle; pero aconséjoos que de aquí adelante no os burléis con la justicia, porque toparéis con alguna que os dé con la 14080 burla en los cascos.
Fuese el mozo, y el gobernador prosiguió con su ronda, y de allí a poco vinieron dos corchetes que 14081traían a un hombre asido, y dijeron:
-Señor gobernador, este que parece hombre no lo es, sino mujer, y no fea, que viene 14082vestida en hábito de hombre.
Llegáronle a los ojos dos o tres lanternas, a cuyas luces descubrieron un rostro de una 14083mujer, al parecer, de diez y seis o pocos más años, recogidos los cabellos con una redecilla de oro y seda verde, hermosa 14084como mil perlas. Miráronla de arriba abajo, y vieron que venía con unas medias de seda encarnada, con ligas de tafetán 14085blanco y rapacejos de oro y aljófar; los greguescos eran verdes, de tela de oro, y una saltaembarca o ropilla de lo mesmo, 14086suelta, debajo de la cual traía un jubón de tela finísima de oro y blanco, y los zapatos eran blancos y de hombre. No traía 14087espada ceñida, sino una riquísima daga, y en los dedos, muchos y muy buenos anillos. Finalmente, la moza parecía bien a 14088todos, y ninguno la conoció de cuantos la vieron, y los naturales del lugar dijeron que no podían pensar quién fuese, y los 14089 consabidores de las burlas que se habían de hacer a Sancho fueron los que más se admiraron, porque aquel suceso y hallazgo 14090no venía ordenado por ellos; y así, estaban dudosos, esperando en qué pararía el caso.
Sancho quedó pasmado de la 14091hermosura de la moza, y preguntóle quién era, adónde iba y qué ocasión le había movido para vestirse en aquel hábito. Ella, 14092 puestos los ojos en tierra con honestísima vergüenza, respondió:
-No puedo, señor, decir tan en público lo que tanto me 14093importaba fuera secreto; una cosa quiero que se entienda: que no soy ladrón ni persona facinorosa, sino una doncella 14094desdichada a quien la fuerza de unos celos ha hecho romper el decoro que a la honestidad se debe.
Oyendo esto el 14095mayordomo, dijo a Sancho:
-Haga, señor gobernador, apartar la gente, porque esta señora con menos empacho pueda decir lo 14096que quisiere.
Mandólo así el gobernador; apartáronse todos, si no fueron el mayordomo, maestresala y el secretario. 14097Viéndose, pues, solos, la doncella prosiguió diciendo:
-«Yo, señores, soy hija de Pedro Pérez Mazorca, arrendador de las 14098lanas deste lugar, el cual suele muchas veces ir en casa de mi padre.»
-Eso no lleva camino -dijo el mayordomo-, señora, 14099porque yo conozco muy bien a Pedro Pérez y sé que no tiene hijo ninguno, ni varón ni hembra; y más, que decís que es 14100vuestro padre, y luego añadís que suele ir muchas veces en casa de vuestro padre.
-Ya yo había dado en ello -dijo Sancho. 14101
-Ahora, señores, yo estoy turbada, y no sé lo que me digo -respondió la doncella-; pero la verdad es que yo soy hija de 14102Diego de la Llana, que todos vuesas mercedes deben de conocer.
-Aún eso lleva camino -respondió el mayordomo-, que yo 14103conozco a Diego de la Llana, y sé que es un hidalgo principal y rico, y que tiene un hijo y una hija, y que después que
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