(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-12-25 ω
13656,

y el estar siempre ocupada,

ser antídoto al veneno

de las amorosas ansias.

Las doncellas recogidas

que
13657aspiran a ser casadas,

la honestidad es la dote

y voz de sus alabanzas.

Los andantes caballeros,

y los que en la
13658corte andan,

requiébranse con las libres,

con las honestas se casan.

Hay amores de levante,

que entre huéspedes
13659se tratan,

que llegan presto al poniente,

porque en el partirse acaban.

El amor recién venido,

que hoy llegó y se
13660 va mañana,

las imágines no deja

bien impresas en el alma.

Pintura sobre pintura

ni se muestra ni señala;

y do
13661 hay primera belleza,

la segunda no hace baza.

Dulcinea del Toboso

del alma en la tabla rasa

tengo pintada de
13662modo

que es imposible borrarla.

La firmeza en los amantes

es la parte más preciada,

por quien hace amor milagros,
13663

y asimesmo los levanta.

Aquí llegaba don Quijote de su canto, a quien estaban escuchando el duque y la duquesa,
13664Altisidora y casi toda la gente del castillo, cuando de improviso, desde encima de un corredor que sobre la reja de don 13665Quijote a plomo caía, descolgaron un cordel donde venían más de cien cencerros asidos, y luego, tras ellos, derramaron un 13666gran saco de gatos, que asimismo traían cencerros menores atados a las colas. Fue tan grande el ruido de los cencerros y el 13667 mayar de los gatos, que, aunque los duques habían sido inventores de la burla, todavía les sobresaltó; y, temeroso, don 13668Quijote quedó pasmado. Y quiso la suerte que dos o tres gatos se entraron por la reja de su estancia, y, dando de una parte 13669 a otra, parecía que una región de diablos andaba en ella. Apagaron las velas que en el aposento ardían, y andaban buscando 13670 por do escaparse. El descolgar y subir del cordel de los grandes cencerros no cesaba; la mayor parte de la gente del 13671castillo, que no sabía la verdad del caso, estaba suspensa y admirada.

Levantóse don Quijote en pie, y, poniendo mano a
13672la espada, comenzó a tirar estocadas por la reja y a decir a grandes voces:

Afuera, malignos encantadores! ¡Afuera,
13673canalla hechiceresca, que yo soy don Quijote de la Mancha, contra quien no valen ni tienen fuerza vuestras malas 13674intenciones!

Y, volviéndose a los gatos que andaban por el aposento, les tiró muchas cuchilladas; ellos acudieron a la
13675reja, y por allí se salieron, aunque uno, viéndose tan acosado de las cuchilladas de don Quijote, le saltó al rostro y le 13676asió de las narices con las uñas y los dientes, por cuyo dolor don Quijote comenzó a dar los mayores gritos que pudo. Oyendo 13677 lo cual el duque y la duquesa, y considerando lo que podía ser, con mucha presteza acudieron a su estancia, y, abriendo 13678con llave maestra, vieron al pobre caballero pugnando con todas sus fuerzas por arrancar el gato de su rostro. Entraron con 13679 luces y vieron la desigual pelea; acudió el duque a despartirla, y don Quijote dijo a voces:

No me le quite nadie! ¡
13680Déjenme mano a mano con este demonio, con este hechicero, con este encantador, que yo le daré a entender de a él quién 13681es don Quijote de la Mancha!

Pero el gato, no curándose destas amenazas, gruñía y apretaba. Mas, en fin, el duque se le
13682desarraigó y le echó por la reja.

Quedó don Quijote acribado el rostro y no muy sanas las narices, aunque muy despechado
13683porque no le habían dejado fenecer la batalla que tan trabada tenía con aquel malandrín encantador. Hicieron traer aceite de