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El Quijote
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α Día 2015-12-16 ω
13404gobierno, lo hiciera. Conoció la duquesa su melancolía, y preguntóle que de qué estaba triste; que si era por la ausencia de 13405 Sancho, que escuderos, dueñas y doncellas había en su casa que le servirían muy a satisfación de su deseo.

-Verdad es,
13406señora mía -respondió don Quijote-, que siento la ausencia de Sancho, pero no es ésa la causa principal que me hace parecer 13407que estoy triste, y, de los muchos ofrecimientos que vuestra excelencia me hace, solamente acepto y escojo el de la 13408voluntad con que se me hacen, y, en lo demás, suplico a Vuestra Excelencia que dentro de mi aposento consienta y permita 13409que yo solo sea el que me sirva.

-En verdad -dijo la duquesa-, señor don Quijote, que no ha de ser así: que le han de
13410servir cuatro doncellas de las mías, hermosas como unas flores.

-Para -respondió don Quijote- no serán ellas como
13411flores, sino como espinas que me puncen el alma. Así entrarán ellas en mi aposento, ni cosa que lo parezca, como volar. Si 13412es que vuestra grandeza quiere llevar adelante el hacerme merced sin yo merecerla, déjeme que yo me las haya conmigo, y que 13413 yo me sirva de mis puertas adentro, que yo ponga una muralla en medio de mis deseos y de mi honestidad; y no quiero perder 13414esta costumbre por la liberalidad que vuestra alteza quiere mostrar conmigo. Y, en resolución, antes dormiré vestido que 13415consentir que nadie me desnude.

-No más, no más, señor don Quijote -replicó la duquesa-. Por digo que daré orden que
13416ni aun una mosca entre en su estancia, no que una doncella; no soy yo persona, que por se ha de descabalar la decencia 13417del señor don Quijote; que, según se me ha traslucido, la que más campea entre sus muchas virtudes es la de la honestidad. 13418Desnúdese vuesa merced y vístase a sus solas y a su modo, como y cuando quisiere, que no habrá quien lo impida, pues dentro 13419 de su aposento hallará los vasos necesarios al menester del que duerme a puerta cerrada, porque ninguna natural necesidad 13420le obligue a que la abra. Viva mil siglos la gran Dulcinea del Toboso, y sea su nombre estendido por toda la redondez de la 13421 tierra, pues mereció ser amada de tan valiente y tan honesto caballero, y los benignos cielos infundan en el corazón de 13422Sancho Panza, nuestro gobernador, un deseo de acabar presto sus diciplinas, para que vuelva a gozar el mundo de la belleza 13423de tan gran señora.

A lo cual dijo don Quijote:

-Vuestra altitud ha hablado como quien es, que en la boca de las
13424buenas señoras no ha de haber ninguna que sea mala; y más venturosa y más conocida será en el mundo Dulcinea por haberla 13425alabado vuestra grandeza, que por todas las alabanzas que puedan darle los más elocuentes de la tierra.

-Agora bien,
13426señor don Quijote -replicó la duquesa-, la hora de cenar se llega, y el duque debe de esperar: venga vuesa merced y cenemos, 13427 y acostaráse temprano, que el viaje que ayer hizo de Candaya no fue tan corto que no haya causado algún molimiento.

-No
13428 siento ninguno, señora -respondió don Quijote-, porque osaré jurar a Vuestra Excelencia que en mi vida he subido sobre 13429bestia más reposada ni de mejor paso que Clavileño; y no yo qué le pudo mover a Malambruno para deshacerse de tan ligera 13430 y tan gentil cabalgadura, y abrasarla así, sin más ni más.

-A eso se puede imaginar -respondió la duquesa- que,
13431arrepentido del mal que había hecho a la Trifaldi y compañía, y a otras personas, y de las maldades que como hechicero y