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El Quijote
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α Día 2015-12-15 ω
13376 Y luego prosigue la historia diciendo que, en acabando de comer don Quijote, el día que dio los consejos a Sancho, 13377aquella tarde se los dio escritos, para que él buscase quien se los leyese; pero, apenas se los hubo dado, cuando se le 13378cayeron y vinieron a manos del duque, que los comunicó con la duquesa, y los dos se admiraron de nuevo de la locura y del 13379ingenio de don Quijote; y así, llevando adelante sus burlas, aquella tarde enviaron a Sancho con mucho acompañamiento al 13380lugar que para él había de ser ínsula.

Acaeció, pues, que el que le llevaba a cargo era un mayordomo del duque, muy
13381discreto y muy gracioso -que no puede haber gracia donde no hay discreción-, el cual había hecho la persona de la condesa 13382Trifaldi, con el donaire que queda referido; y con esto, y con ir industriado de sus señores de cómo se había de haber con 13383Sancho, salió con su intento maravillosamente. Digo, pues, que acaeció que, así como Sancho vio al tal mayordomo, se le 13384figuró en su rostro el mesmo de la Trifaldi, y, volviéndose a su señor, le dijo:

-Señor, o a me ha de llevar el diablo
13385 de aquí de donde estoy, en justo y en creyente, o vuestra merced me ha de confesar que el rostro deste mayordomo del duque 13386, que aquí está, es el mesmo de la Dolorida.

Miró don Quijote atentamente al mayordomo, y, habiéndole mirado, dijo a
13387Sancho:

-No hay para qué te lleve el diablo, Sancho, ni en justo ni en creyente, que no lo que quieres decir; que el
13388rostro de la Dolorida es el del mayordomo, pero no por eso el mayordomo es la Dolorida; que, a serlo, implicaría 13389contradición muy grande, y no es tiempo ahora de hacer estas averiguaciones, que sería entrarnos en intricados laberintos. 13390Créeme, amigo, que es menester rogar a Nuestro Señor muy de veras que nos libre a los dos de malos hechiceros y de malos 13391encantadores.

-No es burla, señor -replicó Sancho-, sino que denantes le hablar, y no pareció sino que la voz de la
13392Trifaldi me sonaba en los oídos. Ahora bien, yo callaré, pero no dejaré de andar advertido de aquí adelante, a ver si 13393descubre otra señal que confirme o desfaga mi sospecha.

-Así lo has de hacer, Sancho -dijo don Quijote-, y darásme aviso
13394de todo lo que en este caso descubrieres y de todo aquello que en el gobierno te sucediere.

Salió, en fin, Sancho,
13395acompañado de mucha gente, vestido a lo letrado, y encima un gabán muy ancho de chamelote de aguas leonado, con una montera 13396de lo mesmo, sobre un macho a la jineta, y detrás dél, por orden del duque, iba el rucio con jaeces y ornamentos jumentiles 13397 de seda y flamantes. Volvía Sancho la cabeza de cuando en cuando a mirar a su asno, con cuya compañía iba tan contento que 13398 no se trocara con el emperador de Alemaña.

Al despedirse de los duques, les besó las manos, y tomó la bendición de su
13399señor, que se la dio con lágrimas, y Sancho la recibió con pucheritos.

Deja, lector amable, ir en paz y en hora buena al
13400buen Sancho, y espera dos fanegas de risa, que te ha de causar el saber cómo se portó en su cargo, y, en tanto, atiende a 13401saber lo que le pasó a su amo aquella noche; que si con ello no rieres, por lo menos desplegarás los labios con risa de 13402jimia, porque los sucesos de don Quijote, o se han de celebrar con admiración, o con risa.

Cuéntase, pues, que, apenas
13403se hubo partido Sancho, cuando don Quijote sintió su soledad; y si le fuera posible revocarle la comisión y quitarle el