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El Quijote
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α Día 2015-12-06 ω
13124atónitos de verse en el mesmo jardín de donde habían partido y de ver tendido por tierra tanto número de gente; y creció 13125más su admiración cuando a un lado del jardín vieron hincada una gran lanza en el suelo y pendiente della y de dos cordones 13126 de seda verde un pergamino liso y blanco, en el cual, con grandes letras de oro, estaba escrito lo siguiente:

El ínclito
13127 caballero don Quijote de la Mancha feneció y acabó la aventura de la condesa Trifaldi, por otro nombre llamada la dueña 13128Dolorida, y compañía, con sólo intentarla.

Malambruno se da por contento y satisfecho a toda su voluntad, y las barbas
13129de las dueñas ya quedan lisas y mondas, y los reyes don Clavijo y Antonomasia en su prístino estado. Y, cuando se cumpliere 13130el escuderil vápulo, la blanca paloma se verá libre de los pestíferos girifaltes que la persiguen, y en brazos de su 13131querido arrullador; que así está ordenado por el sabio Merlín, protoencantador de los encantadores.

Habiendo, pues, don
13132Quijote leído las letras del pergamino, claro entendió que del desencanto de Dulcinea hablaban; y, dando muchas gracias al 13133cielo de que con tan poco peligro hubiese acabado tan gran fecho, reduciendo a su pasada tez los rostros de las venerables 13134dueñas, que ya no parecían, se fue adonde el duque y la duquesa aún no habían vuelto en , y, trabando de la mano al duque 13135, le dijo:

Ea, buen señor, buen ánimo; buen ánimo, que todo es nada! La aventura es ya acabada sin daño de barras, como
13136 lo muestra claro el escrito que en aquel padrón está puesto.

El duque, poco a poco, y como quien de un pesado sueño
13137recuerda, fue volviendo en , y por el mismo tenor la duquesa y todos los que por el jardín estaban caídos, con tales 13138muestras de maravilla y espanto, que casi se podían dar a entender haberles acontecido de veras lo que tan bien sabían 13139fingir de burlas. Leyó el duque el cartel con los ojos medio cerrados, y luego, con los brazos abiertos, fue a abrazar a don 13140 Quijote, diciéndole ser el más buen caballero que en ningún siglo se hubiese visto.

Sancho andaba mirando por la
13141Dolorida, por ver qué rostro tenía sin las barbas, y si era tan hermosa sin ellas como su gallarda disposición prometía, 13142pero dijéronle que, así como Clavileño bajó ardiendo por los aires y dio en el suelo, todo el escuadrón de las dueñas, con 13143la Trifaldi, había desaparecido, y que ya iban rapadas y sin cañones. Preguntó la duquesa a Sancho que cómo le había ido en 13144 aquel largo viaje. A lo cual Sancho respondió:

-Yo, señora, sentí que íbamos, según mi señor me dijo, volando por la
13145región del fuego, y quise descubrirme un poco los ojos, pero mi amo, a quien pedí licencia para descubrirme, no la consintió 13146; mas yo, que tengo no qué briznas de curioso y de desear saber lo que se me estorba y impide, bonitamente y sin que 13147nadie lo viese, por junto a las narices aparté tanto cuanto el pañizuelo que me tapaba los ojos, y por allí miré hacia la 13148tierra, y parecióme que toda ella no era mayor que un grano de mostaza, y los hombres que andaban sobre ella, poco mayores 13149que avellanas; porque se vea cuán altos debíamos de ir entonces.

A esto dijo la duquesa:

-Sancho amigo, mirad lo que
13150decís, que, a lo que parece, vos no vistes la tierra, sino los hombres que andaban sobre ella; y está claro que si la 13151tierra os pareció como un grano de mostaza, y cada hombre como una avellana, un hombre solo había de cubrir toda la tierra.