(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-11-25 ω
12816todo lo que pudiere. Vuesa merced desembaúle su cuita y cuéntenosla, y deje hacer, que todos nos entenderemos.

12817Reventaban de risa con estas cosas los duques, como aquellos que habían tomado el pulso a la tal aventura, y alababan entre 12818 la agudeza y disimulación de la Trifaldi, la cual, volviéndose a sentar, dijo:

Del famoso reino de Candaya, que cae
12819entre la gran Trapobana y el mar del Sur, dos leguas más allá del cabo Comorín, fue señora la reina doña Maguncia, viuda 12820del rey Archipiela, su señor y marido, de cuyo matrimonio tuvieron y procrearon a la infanta Antonomasia, heredera del reino 12821, la cual dicha infanta Antonomasia se crió y creció debajo de mi tutela y doctrina, por ser yo la más antigua y la más 12822principal dueña de su madre. Sucedió, pues, que, yendo días y viniendo días, la niña Antonomasia llegó a edad de catorce 12823años, con tan gran perfeción de hermosura, que no la pudo subir más de punto la naturaleza. ¡Pues digamos agora que la 12824discreción era mocosa! Así era discreta como bella, y era la más bella del mundo, y lo es, si ya los hados invidiosos y las 12825 parcas endurecidas no la han cortado la estambre de la vida. Pero no habrán, que no han de permitir los cielos que se haga 12826tanto mal a la tierra como sería llevarse en agraz el racimo del más hermoso veduño del suelo. De esta hermosura, y no como 12827 se debe encarecida de mi torpe lengua, se enamoró un número infinito de príncipes, así naturales como estranjeros, entre 12828los cuales osó levantar los pensamientos al cielo de tanta belleza un caballero particular que en la corte estaba, confiado 12829 en su mocedad y en su bizarría, y en sus muchas habilidades y gracias, y facilidad y felicidad de ingenio; porque hago 12830saber a vuestras grandezas, si no lo tienen por enojo, que tocaba una guitarra que la hacía hablar, y más que era poeta y 12831gran bailarín, y sabía hacer una jaula de pájaros, que solamente a hacerlas pudiera ganar la vida cuando se viera en 12832estrema necesidad, que todas estas partes y gracias son bastantes a derribar una montaña, no que una delicada doncella. Pero 12833 toda su gentileza y buen donaire y todas sus gracias y habilidades fueran poca o ninguna parte para rendir la fortaleza de 12834 mi niña, si el ladrón desuellacaras no usara del remedio de rendirme a primero. Primero quiso el malandrín y desalmado 12835vagamundo granjearme la voluntad y cohecharme el gusto, para que yo, mal alcaide, le entregase las llaves de la fortaleza 12836que guardaba. En resolución: él me aduló el entendimiento y me rindió la voluntad con no qué dijes y brincos que me dio, 12837 pero lo que más me hizo postrar y dar conmigo por el suelo fueron unas coplas que le cantar una noche desde una reja 12838que caía a una callejuela donde él estaba, que, si mal no me acuerdo, decían:

De la dulce mi enemiga

nace un mal que
12839al alma hiere,

y, por más tormento, quiere

que se sienta y no se diga.

Parecióme la trova de perlas, y su voz de
12840almíbar, y después acá, digo, desde entonces, viendo el mal en que caí por estos y otros semejantes versos, he considerado 12841que de las buenas y concertadas repúblicas se habían de desterrar los poetas, como aconsejaba Platón, a lo menos, los 12842lascivos, porque escriben unas coplas, no como las del marqués de Mantua, que entretienen y hacen llorar los niños y a las 12843mujeres, sino unas agudezas que, a modo de blandas espinas, os atraviesan el alma, y como rayos os hieren en ella, dejando