(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-11-16 ω
12564adarva, espanta a todas las entrañas piadosas de los que lo escuchan, y aun las de todos aquellos que lo vinieren a saber 12565con el discurso del tiempo. Pon, ¡oh miserable y endurecido animal!, pon, digo, esos tus ojos de machuelo espantadizo en 12566las niñas destos míos, comparados a rutilantes estrellas, y veráslos llorar hilo a hilo y madeja a madeja, haciendo surcos, 12567 carreras y sendas por los hermosos campos de mis mejillas. Muévate, socarrón y malintencionado monstro, que la edad tan 12568florida mía, que aún se está todavía en el diez y... de los años, pues tengo diez y nueve y no llego a veinte, se consume y 12569 marchita debajo de la corteza de una rústica labradora; y si ahora no lo parezco, es merced particular que me ha hecho el 12570señor Merlín, que está presente, sólo porque te enternezca mi belleza; que las lágrimas de una afligida hermosura vuelven en 12571 algodón los riscos, y los tigres en ovejas. Date, date en esas carnazas, bestión indómito, y saca de harón ese brío, que a 12572 sólo comer y más comer te inclina, y pon en libertad la lisura de mis carnes, la mansedumbre de mi condición y la belleza 12573de mi faz; y si por no quieres ablandarte ni reducirte a algún razonable término, hazlo por ese pobre caballero que a tu 12574lado tienes; por tu amo, digo, de quien estoy viendo el alma, que la tiene atravesada en la garganta, no diez dedos de los 12575labios, que no espera sino tu rígida o blanda repuesta, o para salirse por la boca, o para volverse al estómago.

Tentóse
12576, oyendo esto, la garganta don Quijote y dijo, volviéndose al duque:

-Por Dios, señor, que Dulcinea ha dicho la verdad,
12577que aquí tengo el alma atravesada en la garganta, como una nuez de ballesta.

-¿Qué decís vos a esto, Sancho? -preguntó la
12578 duquesa.

-Digo, señora -respondió Sancho-, lo que tengo dicho: que de los azotes, abernuncio.

-Abrenuncio habéis de
12579decir, Sancho, y no como decís -dijo el duque.

-Déjeme vuestra grandeza -respondió Sancho-, que no estoy agora para mirar
12580en sotilezas ni en letras más a menos; porque me tienen tan turbado estos azotes que me han de dar, o me tengo de dar, que 12581no lo que me digo, ni lo que me hago. Pero querría yo saber de la señora mi señora doña Dulcina del Toboso adónde 12582aprendió el modo de rogar que tiene: viene a pedirme que me abra las carnes a azotes, y llámame alma de cántaro y bestión 12583indómito, con una tiramira de malos nombres, que el diablo los sufra. ¿Por ventura son mis carnes de bronce, o vame a 12584algo en que se desencante o no? ¿Qué canasta de ropa blanca, de camisas, de tocadores y de escarpines, anque no los gasto, 12585trae delante de para ablandarme, sino un vituperio y otro, sabiendo aquel refrán que dicen por ahí, que un asno cargado 12586de oro sube ligero por una montaña, y que dádivas quebrantan peñas, y a Dios rogando y con el mazo dando, y que más vale un 12587 "toma" que dos "te daré"? Pues el señor mi amo, que había de traerme la mano por el cerro y halagarme para que yo me 12588hiciese de lana y de algodón cardado, dice que si me coge me amarrará desnudo a un árbol y me doblará la parada de los 12589azotes; y habían de considerar estos lastimados señores que no solamente piden que se azote un escudero, sino un gobernador 12590; como quien dice: "bebe con guindas". Aprendan, aprendan mucho de enhoramala a saber rogar, y a saber pedir, y a tener 12591crianza, que no son todos los tiempos unos, ni están los hombres siempre de un buen humor. Estoy yo ahora reventando de pena