(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-11-14 ω
12508 suave y concertada música formado, con que Sancho se alegró, y lo tuvo a buena señal; y así, dijo a la duquesa, de quien un 12509 punto ni un paso se apartaba:

-Señora, donde hay música no puede haber cosa mala.

-Tampoco donde hay luces y claridad
12510 -respondió la duquesa.

A lo que replicó Sancho:

-Luz da el fuego y claridad las hogueras, como lo vemos en las que nos
12511 cercan, y bien podría ser que nos abrasasen, pero la música siempre es indicio de regocijos y de fiestas.

-Ello dirá -
12512dijo don Quijote, que todo lo escuchaba.

Y dijo bien, como se muestra en el capítulo siguiente.





Capítulo XXXV.
12513Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos

Al compás de
12514 la agradable música vieron que hacia ellos venía un carro de los que llaman triunfales tirado de seis mulas pardas, 12515encubertadas, empero, de lienzo blanco, y sobre cada una venía un diciplinante de luz, asimesmo vestido de blanco, con una 12516hacha de cera grande encendida en la mano. Era el carro dos veces, y aun tres, mayor que los pasados, y los lados, y encima 12517 dél, ocupaban doce otros diciplinantes albos como la nieve, todos con sus hachas encendidas, vista que admiraba y espantaba 12518 juntamente; y en un levantado trono venía sentada una ninfa, vestida de mil velos de tela de plata, brillando por todos 12519ellos infinitas hojas de argentería de oro, que la hacían, si no rica, a lo menos vistosamente vestida. Traía el rostro 12520cubierto con un transparente y delicado cendal, de modo que, sin impedirlo sus lizos, por entre ellos se descubría un 12521hermosísimo rostro de doncella, y las muchas luces daban lugar para distinguir la belleza y los años, que, al parecer, no 12522llegaban a veinte ni bajaban de diez y siete.

Junto a ella venía una figura vestida de una ropa de las que llaman
12523rozagantes, hasta los pies, cubierta la cabeza con un velo negro; pero, al punto que llegó el carro a estar frente a frente 12524de los duques y de don Quijote, cesó la música de las chirimías, y luego la de las arpas y laúdes que en el carro sonaban; 12525y, levantándose en pie la figura de la ropa, la apartó a entrambos lados, y, quitándose el velo del rostro, descubrió 12526patentemente ser la mesma figura de la muerte, descarnada y fea, de que don Quijote recibió pesadumbre y Sancho miedo, y los 12527 duques hicieron algún sentimiento temeroso. Alzada y puesta en pie esta muerte viva, con voz algo dormida y con lengua no 12528muy despierta, comenzó a decir desta manera:

-Yo soy Merlín, aquel que las historias

dicen que tuve por mi padre al
12529diablo

(mentira autorizada de los tiempos),

príncipe de la Mágica y monarca

y archivo de la ciencia zoroástrica,

12530émulo a las edades y a los siglos

que solapar pretenden las hazañas

de los andantes bravos caballeros

a quien yo
12531tuve y tengo gran cariño.

Y, puesto que es de los encantadores,

de los magos o mágicos contino

dura la condición,
12532áspera y fuerte,

la mía es tierna, blanda y amorosa,

y amiga de hacer bien a todas gentes.

En las cavernas lóbregas
12533de Dite,

donde estaba mi alma entretenida

en formar ciertos rombos y caráteres,

llegó la voz doliente de la bella
12534y sin par Dulcinea del Toboso.

Supe su encantamento y su desgracia,

y su trasformación de gentil dama

en rústica
12535aldeana; condolíme,

y, encerrando mi espíritu en el hueco

desta espantosa y fiera notomía,

después de haber revuelto