(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-11-12 ω
12452bosque, y en requerir algunas paranzas, y presto, se les pasó el día y se les vino la noche, y no tan clara ni tan sesga 12453como la sazón del tiempo pedía, que era en la mitad del verano; pero un cierto claroescuro que trujo consigo ayudó mucho a 12454la intención de los duques; y, así como comenzó a anochecer, un poco más adelante del crepúsculo, a deshora pareció que todo 12455 el bosque por todas cuatro partes se ardía, y luego se oyeron por aquí y por allí, y por acá y por acullá, infinitas 12456cornetas y otros instrumentos de guerra, como de muchas tropas de caballería que por el bosque pasaba. La luz del fuego, el 12457 son de los bélicos instrumentos, casi cegaron y atronaron los ojos y los oídos de los circunstantes, y aun de todos los que 12458 en el bosque estaban. Luego se oyeron infinitos lelilíes, al uso de moros cuando entran en las batallas, sonaron trompetas 12459 y clarines, retumbaron tambores, resonaron pífaros, casi todos a un tiempo, tan contino y tan apriesa, que no tuviera 12460sentido el que no quedara sin él al son confuso de tantos intrumentos. Pasmóse el duque, suspendióse la duquesa, admiróse 12461don Quijote, tembló Sancho Panza, y, finalmente, aun hasta los mesmos sabidores de la causa se espantaron. Con el temor les 12462 cogió el silencio, y un postillón que en traje de demonio les pasó por delante, tocando en voz de corneta un hueco y 12463desmesurado cuerno, que un ronco y espantoso son despedía.

Hola, hermano correo! -dijo el duque-, ¿quién sois, adónde
12464vais, y qué gente de guerra es la que por este bosque parece que atraviesa?

A lo que respondió el correo con voz
12465horrísona y desenfadada:

-Yo soy el Diablo; voy a buscar a don Quijote de la Mancha; la gente que por aquí viene son seis
12466 tropas de encantadores, que sobre un carro triunfante traen a la sin par Dulcinea del Toboso. Encantada viene con el 12467gallardo francés Montesinos, a dar orden a don Quijote de cómo ha de ser desencantada la tal señora.

-Si vos fuérades
12468diablo, como decís y como vuestra figura muestra, ya hubiérades conocido al tal caballero don Quijote de la Mancha, pues le 12469tenéis delante.

-En Dios y en mi conciencia -respondió el Diablo- que no miraba en ello, porque traigo en tantas cosas
12470divertidos los pensamientos, que de la principal a que venía se me olvidaba.

-Sin duda -dijo Sancho- que este demonio
12471debe de ser hombre de bien y buen cristiano, porque, a no serlo, no jurara en Dios y en mi conciencia. Ahora yo tengo para 12472 que aun en el mesmo infierno debe de haber buena gente.

Luego el Demonio, sin apearse, encaminando la vista a don
12473Quijote, dijo:

-A ti, el Caballero de los Leones (que entre las garras dellos te vea yo), me envía el desgraciado pero
12474valiente caballero Montesinos, mandándome que de su parte te diga que le esperes en el mismo lugar que te topare, a causa 12475que trae consigo a la que llaman Dulcinea del Toboso, con orden de darte la que es menester para desencantarla. Y, por no 12476ser para más mi venida, no ha de ser más mi estada: los demonios como yo queden contigo, y los ángeles buenos con estos 12477señores.

Y, en diciendo esto, tocó el desaforado cuerno, y volvió las espaldas y fuese, sin esperar respuesta de ninguno.
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Renovóse la admiración en todos, especialmente en Sancho y don Quijote: en Sancho, en ver que, a despecho de la verdad,
12479querían que estuviese encantada Dulcinea; en don Quijote, por no poder asegurarse si era verdad o no lo que le había pasado