(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-10-23 ω
11890 -dijo Sancho-, que ya no hay Triste Figura, ni figuro.

-Sea el de los Leones -prosiguió el duque-. Digo que venga el
11891señor Caballero de los Leones a un castillo mío que está aquí cerca, donde se le hará el acogimiento que a tan alta persona 11892 se debe justamente, y el que yo y la duquesa solemos hacer a todos los caballeros andantes que a él llegan.

Ya en esto,
11893Sancho había aderezado y cinchado bien la silla a Rocinante; y, subiendo en él don Quijote, y el duque en un hermoso caballo 11894, pusieron a la duquesa en medio y encaminaron al castillo. Mandó la duquesa a Sancho que fuese junto a ella, porque 11895gustaba infinito de oír sus discreciones. No se hizo de rogar Sancho, y entretejióse entre los tres, y hizo cuarto en la 11896conversación, con gran gusto de la duquesa y del duque, que tuvieron a gran ventura acoger en su castillo tal caballero 11897andante y tal escudero andado.





Capítulo XXXI. Que trata de muchas y grandes cosas

Suma era la alegría que
11898llevaba consigo Sancho, viéndose, a su parecer, en privanza con la duquesa, porque se le figuraba que había de hallar en su 11899castillo lo que en la casa de don Diego y en la de Basilio, siempre aficionado a la buena vida; y así, tomaba la ocasión 11900por la melena en esto del regalarse cada y cuando que se le ofrecía.

Cuenta, pues, la historia, que antes que a la casa
11901de placer o castillo llegasen, se adelantó el duque y dio orden a todos sus criados del modo que habían de tratar a don 11902Quijote; el cual, como llegó con la duquesa a las puertas del castillo, al instante salieron dél dos lacayos o palafreneros, 11903 vestidos hasta en pies de unas ropas que llaman de levantar, de finísimo raso carmesí, y, cogiendo a don Quijote en brazos 11904, sin ser oído ni visto, le dijeron:

-Vaya la vuestra grandeza a apear a mi señora la duquesa.

Don Quijote lo hizo, y
11905hubo grandes comedimientos entre los dos sobre el caso; pero, en efecto, venció la porfía de la duquesa, y no quiso decender 11906 o bajar del palafrén sino en los brazos del duque, diciendo que no se hallaba digna de dar a tan gran caballero tan inútil 11907 carga. En fin, salió el duque a apearla; y al entrar en un gran patio, llegaron dos hermosas doncellas y echaron sobre los 11908 hombros a don Quijote un gran manto de finísima escarlata, y en un instante se coronaron todos los corredores del patio de 11909 criados y criadas de aquellos señores, diciendo a grandes voces:

Bien sea venido la flor y la nata de los caballeros
11910andantes!

Y todos, o los más, derramaban pomos de aguas olorosas sobre don Quijote y sobre los duques, de todo lo cual se
11911 admiraba don Quijote; y aquél fue el primer día que de todo en todo conoció y creyó ser caballero andante verdadero, y no 11912fantástico, viéndose tratar del mesmo modo que él había leído se trataban los tales caballeros en los pasados siglos.

11913Sancho, desamparando al rucio, se cosió con la duquesa y se entró en el castillo; y, remordiéndole la conciencia de que 11914dejaba al jumento solo, se llegó a una reverenda dueña, que con otras a recebir a la duquesa había salido, y con voz baja 11915le dijo:

-Señora González, o como es su gracia de vuesa merced...

-Doña Rodríguez de Grijalba me llamo -respondió la
11916dueña-. ¿Qué es lo que mandáis, hermano?

A lo que respondió Sancho:

-Querría que vuesa merced me la hiciese de salir a
11917 la puerta del castillo, donde hallará un asno rucio mío; vuesa merced sea servida de mandarle poner, o ponerle, en la