El Quijote
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11338dijo Sancho- que vuestra merced dijese a maese Pedro preguntase a su mono si es verdad lo que a vuestra merced le pasó en 11339la cueva de Montesinos; que yo para mí tengo, con perdón de vuestra merced, que todo fue embeleco y mentira, o por lo menos, 11340 cosas soñadas.
-Todo podría ser -respondió don Quijote-, pero yo haré lo que me aconsejas, puesto que me ha de quedar un 11341 no sé qué de escrúpulo.
Estando en esto, llegó maese Pedro a buscar a don Quijote y decirle que ya estaba en orden el 11342retablo; que su merced viniese a verle, porque lo merecía. Don Quijote le comunicó su pensamiento, y le rogó preguntase 11343luego a su mono le dijese si ciertas cosas que había pasado en la cueva de Montesinos habían sido soñadas o verdaderas; 11344porque a él le parecía que tenían de todo. A lo que maese Pedro, sin responder palabra, volvió a traer el mono, y, puesto 11345delante de don Quijote y de Sancho, dijo:
-Mirad, señor mono, que este caballero quiere saber si ciertas cosas que le 11346pasaron en una cueva llamada de Montesinos, si fueron falsas o verdaderas.
Y, haciéndole la acostumbrada señal, el mono se 11347 le subió en el hombro izquierdo, y, hablándole, al parecer, en el oído, dijo luego maese Pedro:
-El mono dice que parte 11348de las cosas que vuesa merced vio, o pasó, en la dicha cueva son falsas, y parte verisímiles; y que esto es lo que sabe, y 11349no otra cosa, en cuanto a esta pregunta; y que si vuesa merced quisiere saber más, que el viernes venidero responderá a todo 11350 lo que se le preguntare, que por ahora se le ha acabado la virtud, que no le vendrá hasta el viernes, como dicho tiene. 11351-¿No lo decía yo -dijo Sancho-, que no se me podía asentar que todo lo que vuesa merced, señor mío, ha dicho de los 11352acontecimientos de la cueva era verdad, ni aun la mitad?
-Los sucesos lo dirán, Sancho -respondió don Quijote-; que el 11353tiempo, descubridor de todas las cosas, no se deja ninguna que no las saque a la luz del sol, aunque esté escondida en los 11354senos de la tierra. Y, por hora, baste esto, y vámonos a ver el retablo del buen maese Pedro, que para mí tengo que debe de 11355 tener alguna novedad.
-¿Cómo alguna? -respondió maese Pedro-: sesenta mil encierra en sí este mi retablo; dígole a vuesa 11356 merced, mi señor don Quijote, que es una de las cosas más de ver que hoy tiene el mundo, y operibus credite, et non verbis; 11357 y manos a labor, que se hace tarde y tenemos mucho que hacer y que decir y que mostrar.
Obedeciéronle don Quijote y 11358Sancho, y vinieron donde ya estaba el retablo puesto y descubierto, lleno por todas partes de candelillas de cera 11359encendidas, que le hacían vistoso y resplandeciente. En llegando, se metió maese Pedro dentro dél, que era el que había de 11360manejar las figuras del artificio, y fuera se puso un muchacho, criado del maese Pedro, para servir de intérprete y 11361declarador de los misterios del tal retablo: tenía una varilla en la mano, con que señalaba las figuras que salían.
11362Puestos, pues, todos cuantos había en la venta, y algunos en pie, frontero del retablo, y acomodados don Quijote, Sancho, el 11363 paje y el primo en los mejores lugares, el trujamán comenzó a decir lo que oirá y verá el que le oyere o viere el capítulo 11364 siguiente.
Capítulo XXVI. Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero, con otras cosas en verdad harto 11365buenas
Callaron todos, tirios y troyanos; quiero decir, pendientes estaban todos los que el retablo miraban de la
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