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El Quijote
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α Día 2015-08-20 ω
10105de acometer.

Y, volviéndose a Sancho, le pidió la celada; el cual, como no tuvo lugar de sacar los requesones, le fue
10106forzoso dársela como estaba. Tomóla don Quijote, y, sin que echase de ver lo que dentro venía, con toda priesa se la encajó 10107 en la cabeza; y, como los requesones se apretaron y exprimieron, comenzó a correr el suero por todo el rostro y barbas de 10108don Quijote, de lo que recibió tal susto, que dijo a Sancho:

-¿Qué será esto, Sancho, que parece que se me ablandan los
10109cascos, o se me derriten los sesos, o que sudo de los pies a la cabeza? Y si es que sudo, en verdad que no es de miedo; sin 10110 duda creo que es terrible la aventura que agora quiere sucederme. Dame, si tienes, con que me limpie, que el copioso sudor 10111 me ciega los ojos.

Calló Sancho y diole un paño, y dio con él gracias a Dios de que su señor no hubiese caído en el caso
10112. Limpióse don Quijote y quitóse la celada por ver qué cosa era la que, a su parecer, le enfriaba la cabeza, y, viendo 10113aquellas gachas blancas dentro de la celada, las llegó a las narices, y en oliéndolas dijo:

-Por vida de mi señora
10114Dulcinea del Toboso, que son requesones los que aquí me has puesto, traidor, bergante y mal mirado escudero.

A lo que,
10115con gran flema y disimulación, respondió Sancho:

-Si son requesones, démelos vuesa merced, que yo me los comeré... Pero
10116cómalos el diablo, que debió de ser el que ahí los puso. ¿Yo había de tener atrevimiento de ensuciar el yelmo de vuesa 10117merced? ¡Hallado le habéis el atrevido! A la fe, señor, a lo que Dios me da a entender, también debo yo de tener 10118encantadores que me persiguen como a hechura y miembro de vuesa merced, y habrán puesto ahí esa inmundicia para mover a 10119cólera su paciencia y hacer que me muela, como suele, las costillas. Pues en verdad que esta vez han dado salto en vago, 10120que yo confío en el buen discurso de mi señor, que habrá considerado que ni yo tengo requesones, ni leche, ni otra cosa que 10121 lo valga, y que si la tuviera, antes la pusiera en mi estómago que en la celada.

-Todo puede ser -dijo don Quijote.

Y
10122 todo lo miraba el hidalgo, y de todo se admiraba, especialmente cuando, después de haberse limpiado don Quijote cabeza, 10123rostro y barbas y celada, se la encajó; y, afirmándose bien en los estribos, requiriendo la espada y asiendo la lanza, dijo 10124:

-Ahora, venga lo que veniere, que aquí estoy con ánimo de tomarme con el mesmo Satanás en persona.

Llegó en esto el
10125carro de las banderas, en el cual no venía otra gente que el carretero, en las mulas, y un hombre sentado en la delantera. 10126Púsose don Quijote delante y dijo:

-¿Adónde vais, hermanos? ¿Qué carro es éste, qué lleváis en él y qué banderas son
10127aquéstas?

A lo que respondió el carretero:

-El carro es mío; lo que va en él son dos bravos leones enjaulados, que el
10128general de Orán envía a la corte, presentados a Su Majestad; las banderas son del rey nuestro señor, en señal que aquí va 10129cosa suya.

-Y ¿son grandes los leones? -preguntó don Quijote.

-Tan grandes -respondió el hombre que iba a la puerta del
10130 carro-, que no han pasado mayores, ni tan grandes, de Africa a España jamás; y yo soy el leonero, y he pasado otros, pero 10131como éstos, ninguno. Son hembra y macho; el macho va en esta jaula primera, y la hembra en la de atrás; y ahora van 10132hambrientos porque no han comido hoy; y así, vuesa merced se desvíe, que es menester llegar presto donde les demos de comer.