El Quijote
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9602 Bosque.
-Sí es -respondió don Quijote.
-Nunca he visto yo escudero -replicó el del Bosque- que se atreva a hablar 9603donde habla su señor; a lo menos, ahí está ese mío, que es tan grande como su padre, y no se probará que haya desplegado el 9604labio donde yo hablo.
-Pues a fe -dijo Sancho-, que he hablado yo, y puedo hablar delante de otro tan..., y aun quédese 9605aquí, que es peor meneallo.
El escudero del Bosque asió por el brazo a Sancho, diciéndole:
-Vámonos los dos donde 9606podamos hablar escuderilmente todo cuanto quisiéremos, y dejemos a estos señores amos nuestros que se den de las astas, 9607contándose las historias de sus amores; que a buen seguro que les ha de coger el día en ellas y no las han de haber acabado. 9608 -Sea en buena hora -dijo Sancho-; y yo le diré a vuestra merced quién soy, para que vea si puedo entrar en docena con los 9609más hablantes escuderos.
Con esto se apartaron los dos escuderos, entre los cuales pasó un tan gracioso coloquio como fue 9610grave el que pasó entre sus señores.
Capítulo XIII. Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el 9611 discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos
Divididos estaban caballeros y escuderos: éstos 9612contándose sus vidas, y aquéllos sus amores; pero la historia cuenta primero el razonamiento de los mozos y luego prosigue 9613el de los amos; y así, dice que, apartándose un poco dellos, el del Bosque dijo a Sancho:
-Trabajosa vida es la que 9614pasamos y vivimos, señor mío, estos que somos escuderos de caballeros andantes: en verdad que comemos el pan en el sudor de 9615nuestros rostros, que es una de las maldiciones que echó Dios a nuestros primeros padres.
-También se puede decir -añadió 9616Sancho- que lo comemos en el yelo de nuestros cuerpos; porque, ¿quién más calor y más frío que los miserables escuderos de 9617la andante caballería? Y aun menos mal si comiéramos, pues los duelos, con pan son menos; pero tal vez hay que se nos pasa un 9618 día y dos sin desayunarnos, si no es del viento que sopla.
-Todo eso se puede llevar y conllevar -dijo el del Bosque-, 9619con la esperanza que tenemos del premio; porque si demasiadamente no es desgraciado el caballero andante a quien un escudero 9620 sirve, por lo menos, a pocos lances se verá premiado con un hermoso gobierno de cualque ínsula, o con un condado de buen 9621parecer.
Yo -replicó Sancho- ya he dicho a mi amo que me contento con el gobierno de alguna ínsula; y él es tan noble y 9622tan liberal, que me le ha prometido muchas y diversas veces.
Yo -dijo el del Bosque-, con un canonicato quedaré satisfecho 9623 de mis servicios, y ya me le tiene mandado mi amo, y ¡qué tal!
-Debe de ser -dijo Sancho- su amo de vuesa merced 9624caballero a lo eclesiástico, y podrá hacer esas mercedes a sus buenos escuderos; pero el mío es meramente lego, aunque yo me 9625 acuerdo cuando le querían aconsejar personas discretas, aunque, a mi parecer mal intencionadas, que procurase ser arzobispo 9626; pero él no quiso sino ser emperador, y yo estaba entonces temblando si le venía en voluntad de ser de la Iglesia, por no 9627hallarme suficiente de tener beneficios por ella; porque le hago saber a vuesa merced que, aunque parezco hombre, soy una 9628bestia para ser de la Iglesia.
-Pues en verdad que lo yerra vuesa merced -dijo el del Bosque-, a causa que los gobiernos 9629insulanos no son todos de buena data. Algunos hay torcidos, algunos pobres, algunos malencónicos, y finalmente, el más
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