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El Quijote
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α Día 2015-07-31 ω
9546dejaban, o no les compelía la hambre a buscar sustento.

Digo que dicen que dejó el autor escrito que los había comparado en
9547 la amistad a la que tuvieron Niso y Euríalo, y Pílades y Orestes; y si esto es así, se podía echar de ver, para universal 9548admiración, cuán firme debió ser la amistad destos dos pacíficos animales, y para confusión de los hombres, que tan mal 9549saben guardarse amistad los unos a los otros. Por esto se dijo:

No hay amigo para amigo:

las cañas se vuelven lanzas;
9550y el otro que cantó:

De amigo a amigo la chinche, etc.

Y no le parezca a alguno que anduvo el autor algo fuera de
9551camino en haber comparado la amistad destos animales a la de los hombres, que de las bestias han recebido muchos 9552advertimientos los hombres y aprendido muchas cosas de importancia, como son: de las cigüeñas, el cristel; de los perros, el 9553 vómito y el agradecimiento; de las grullas, la vigilancia; de las hormigas, la providencia; de los elefantes, la honestidad, 9554 y la lealtad, del caballo.

Finalmente, Sancho se quedó dormido al pie de un alcornoque, y don Quijote dormitando al de
9555una robusta encina; pero, poco espacio de tiempo había pasado, cuando le despertó un ruido que sintió a sus espaldas, y, 9556levantándose con sobresalto, se puso a mirar y a escuchar de dónde el ruido procedía, y vio que eran dos hombres a caballo, y 9557 que el uno, dejándose derribar de la silla, dijo al otro:

-Apéate, amigo, y quita los frenos a los caballos, que, a mi
9558parecer, este sitio abunda de yerba para ellos, y del silencio y soledad que han menester mis amorosos pensamientos.

El
9559decir esto y el tenderse en el suelo todo fue a un mesmo tiempo; y, al arrojarse, hicieron ruido las armas de que venía 9560armado, manifiesta señal por donde conoció don Quijote que debía de ser caballero andante; y, llegándose a Sancho, que 9561dormía, le trabó del brazo, y con no pequeño trabajo le volvió en su acuerdo, y con voz baja le dijo:

-Hermano Sancho,
9562aventura tenemos.

-Dios nos la buena -respondió Sancho-; y ¿adónde está, señor mío, su merced de esa señora aventura?
9563 -¿Adónde, Sancho? -replicó don Quijote-; vuelve los ojos y mira, y verás allí tendido un andante caballero, que, a lo que a 9564 se me trasluce, no debe de estar demasiadamente alegre, porque le vi arrojar del caballo y tenderse en el suelo con 9565algunas muestras de despecho, y al caer le crujieron las armas.

-Pues ¿en qué halla vuesa merced -dijo Sancho- que ésta
9566sea aventura?

-No quiero yo decir -respondió don Quijote- que ésta sea aventura del todo, sino principio della; que por
9567aquí se comienzan las aventuras. Pero escucha, que, a lo que parece, templando está un laúd o vigüela, y, según escupe y se 9568desembaraza el pecho, debe de prepararse para cantar algo.

-A buena fe que es así -respondió Sancho-, y que debe de ser
9569caballero enamorado.

-No hay ninguno de los andantes que no lo sea -dijo don Quijote-. Y escuchémosle, que por el hilo
9570sacaremos el ovillo de sus pensamientos, si es que canta; que de la abundancia del corazón habla la lengua.

Replicar
9571quería Sancho a su amo, pero la voz del Caballero del Bosque, que no era muy mala mi muy buena, lo estorbó; y, estando los 9572dos atónitos, oyeron que lo que cantó fue este soneto:

-Dadme, señora, un término que siga,

conforme a vuestra voluntad
9573 cortado;

que será de la mía así estimado,

que por jamás un punto dél desdiga.

Si gustáis que callando mi fatiga