El Quijote
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8929al andante caballería, sé también los infinitos bienes que se alcanzan con ella; y sé que la senda de la virtud es muy 8930estrecha, y el camino del vicio, ancho y espacioso; y sé que sus fines y paraderos son diferentes, porque el del vicio, 8931dilatado y espacioso, acaba en la muerte, y el de la virtud, angosto y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se acaba, 8932sino en la que no tendrá fin; y sé, como dice el gran poeta castellano nuestro, que
Por estas asperezas se camina
de la 8933 inmortalidad al alto asiento,
do nunca arriba quien de allí declina.
-¡Ay, desdichada de mí -dijo la sobrina-, que 8934también mi señor es poeta!. Todo lo sabe, todo lo alcanza: yo apostaré que si quisiera ser albañil, que supiera fabricar una 8935 casa como una jaula.
Yo te prometo, sobrina -respondió don Quijote-, que si estos pensamientos caballerescos no me 8936llevasen tras sí todos los sentidos, que no habría cosa que yo no hiciese, ni curiosidad que no saliese de mis manos, 8937especialmente jaulas y palillos de dientes.
A este tiempo, llamaron a la puerta, y, preguntando quién llamaba, respondió 8938Sancho Panza que él era; y, apenas le hubo conocido el ama, cuando corrió a esconderse por no verle: tanto le aborrecía. 8939Abrióle la sobrina, salió a recebirle con los brazos abiertos su señor don Quijote, y encerráronse los dos en su aposento, 8940donde tuvieron otro coloquio, que no le hace ventaja el pasado.
Capítulo VII. De lo que pasó don Quijote con su 8941escudero, con otros sucesos famosísimos
Apenas vio el ama que Sancho Panza se encerraba con su señor, cuando dio en la 8942cuenta de sus tratos; y, imaginando que de aquella consulta había de salir la resolución de su tercera salida y tomando su 8943manto, toda llena de congoja y pesadumbre, se fue a buscar al bachiller Sansón Carrasco, pareciéndole que, por ser bien 8944hablado y amigo fresco de su señor, le podría persuadir a que dejase tan desvariado propósito.
Hallóle paseándose por el 8945patio de su casa, y, viéndole, se dejó caer ante sus pies, trasudando y congojosa. Cuando la vio Carrasco con muestras tan 8946doloridas y sobresaltadas, le dijo:
-¿Qué es esto, señora ama? ¿Qué le ha acontecido, que parece que se le quiere arrancar 8947 el alma?
-No es nada, señor Sansón mío, sino que mi amo se sale; ¡sálese sin duda!
-Y ¿por dónde se sale, señora? - 8948preguntó Sansón-. ¿Hásele roto alguna parte de su cuerpo?
-No se sale -respondió ella-, sino por la puerta de su locura. 8949Quiero decir, señor bachiller de mi ánima, que quiere salir otra vez, que con ésta será la tercera, a buscar por ese mundo 8950lo que él llama venturas, que yo no puedo entender cómo les da este nombre. La vez primera nos le volvieron atravesado sobre 8951 un jumento, molido a palos. La segunda vino en un carro de bueyes, metido y encerrado en una jaula, adonde él se daba a 8952entender que estaba encantado; y venía tal el triste, que no le conociera la madre que le parió: flaco, amarillo, los ojos 8953hundidos en los últimos camaranchones del celebro, que, para haberle de volver algún tanto en sí, gasté más de seiscientos 8954huevos, como lo sabe Dios y todo el mundo, y mis gallinas, que no me dejaran mentir.
-Eso creo yo muy bien -respondió el 8955bachiller-; que ellas son tan buenas, tan gordas y tan bien criadas, que no dirán una cosa por otra, si reventasen. En 8956efecto, señora ama: ¿no hay otra cosa, ni ha sucedido otro desmán alguno, sino el que se teme que quiere hacer el señor don
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