El Quijote
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5706 y, con muestras de mucho enojo, le dijo:
-Ahora te digo, Sanchuelo, que eres el mayor bellacuelo que hay en España. Dime, 5707 ladrón vagamundo, ¿no me acabaste de decir ahora que esta princesa se había vuelto en una doncella que se llamaba Dorotea, y 5708 que la cabeza que entiendo que corté a un gigante era la puta que te parió, con otros disparates que me pusieron en la 5709mayor confusión que jamás he estado en todos los días de mi vida? ¡Voto... -y miró al cielo y apretó los dientes- que estoy 5710por hacer un estrago en ti, que ponga sal en la mollera a todos cuantos mentirosos escuderos hubiere de caballeros andantes, 5711de aquí adelante, en el mundo!
-Vuestra merced se sosiegue, señor mío -respondió Sancho-, que bien podría ser que yo me 5712hubiese engañado en lo que toca a la mutación de la señora princesa Micomicona; pero, en lo que toca a la cabeza del gigante, 5713 o, a lo menos, a la horadación de los cueros y a lo de ser vino tinto la sangre, no me engaño, ¡vive Dios!, porque los 5714cueros allí están heridos, a la cabecera del lecho de vuestra merced, y el vino tinto tiene hecho un lago el aposento; y si 5715no, al freír de los huevos lo verá; quiero decir que lo verá cuando aquí su merced del señor ventero le pida el menoscabo de 5716todo. De lo demás, de que la señora reina se esté como se estaba, me regocijo en el alma, porque me va mi parte, como a cada 5717 hijo de vecino.
-Ahora yo te digo, Sancho -dijo don Quijote-, que eres un mentecato; y perdóname, y basta.
-Basta - 5718dijo don Fernando-, y no se hable más en esto; y, pues la señora princesa dice que se camine mañana, porque ya hoy es tarde, 5719hágase así, y esta noche la podremos pasar en buena conversación hasta el venidero día, donde todos acompañaremos al señor 5720don Quijote, porque queremos ser testigos de las valerosas e inauditas hazañas que ha de hacer en el discurso desta grande 5721empresa que a su cargo lleva.
-Yo soy el que tengo de serviros y acompañaros -respondió don Quijote-, y agradezco mucho la 5722 merced que se me hace y la buena opinión que de mí se tiene, la cual procuraré que salga verdadera, o me costará la vida, y 5723aun más, si más costarme puede.
Muchas palabras de comedimiento y muchos ofrecimientos pasaron entre don Quijote y don 5724Fernando; pero a todo puso silencio un pasajero que en aquella sazón entró en la venta, el cual en su traje mostraba ser 5725cristiano recién venido de tierra de moros, porque venía vestido con una casaca de paño azul, corta de faldas, con medias 5726mangas y sin cuello; los calzones eran asimismo de lienzo azul, con bonete de la misma color; traía unos borceguíes 5727datilados y un alfanje morisco, puesto en un tahelí que le atravesaba el pecho. Entró luego tras él, encima de un jumento, 5728una mujer a la morisca vestida, cubierto el rostro con una toca en la cabeza; traía un bonetillo de brocado, y vestida una 5729almalafa, que desde los hombros a los pies la cubría. Era el hombre de robusto y agraciado talle, de edad de poco más de 5730cuarenta años, algo moreno de rostro, largo de bigotes y la barba muy bien puesta. En resolución, él mostraba en su apostura 5731que si estuviera bien vestido, le juzgaran por persona de calidad y bien nacida.
Pidió, en entrando, un aposento, y, como 5732le dijeron que en la venta no le había, mostró recebir pesadumbre; y, llegándose a la que en el traje parecía mora, la apeó 5733en sus brazos. Luscinda, Dorotea, la ventera, su hija y Maritornes, llevadas del nuevo y para ellas nunca visto traje, 5734rodearon a la mora, y Dorotea, que siempre fue agraciada, comedida y discreta, pareciéndole que así ella como el que la 5735traía se congojaban por la falta del aposento, le dijo:
-No os dé mucha pena, señora mía, la incomodidad de regalo que 5736aquí falta, pues es proprio de ventas no hallarse en ellas; pero, con todo esto, si gustáredes de pasar con nosotras - 5737señalando a Luscinda-, quizá en el discurso de este camino habréis hallado otros no tan buenos acogimientos.
No respondió
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