(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-02-02 ω
4405 Llegaste, ¿y qué hacía aquella reina de la hermosura? A buen seguro que la hallaste ensartando perlas, o bordando alguna 4406empresa con oro de cañutillo para este su cautivo caballero. -No la hallé -respondió Sancho- sino ahechando dos hanegas de 4407trigo en un corral de su casa. -Pues haz cuenta -dijo don Quijote- que los granos de aquel trigo eran granos de perlas, 4408tocados de sus manos. Y si miraste, amigo, el trigo ¿era candeal, o trechel? -No era sino rubión -respondió Sancho. -Pues 4409yo te aseguro -dijo don Quijote- que, ahechado por sus manos, hizo pan candeal, sin duda alguna. Pero pasa adelante: cuando 4410le diste mi carta, ¿besóla? ¿Púsosela sobre la cabeza? ¿Hizo alguna ceremonia digna de tal carta, o qué hizo? -Cuando yo se 4411 la iba a dar -respondió Sancho-, ella estaba en la fuga del meneo de una buena parte de trigo que tenía en la criba, y 4412díjome: ''Poned, amigo, esa carta sobre aquel costal, que no la puedo leer hasta que acabe de acribar todo lo que aquí está' 4413'. -¡Discreta señora! -dijo don Quijote-. Eso debió de ser por leerla despacio y recrearse con ella. Adelante, Sancho: y, en 4414 tanto que estaba en su menester, ¿qué coloquios pasó contigo? ¿Qué te preguntó de ? Y , ¿qué le respondiste? Acaba, 4415cuéntamelo todo; no se te quede en el tintero una mínima. -Ella no me preguntó nada -dijo Sancho-, mas yo le dije de la 4416manera que vuestra merced, por su servicio, quedaba haciendo penitencia, desnudo de la cintura arriba, metido entre estas 4417sierras como si fuera salvaje, durmiendo en el suelo, sin comer pan a manteles ni sin peinarse la barba, llorando y 4418maldiciendo su fortuna. -En decir que maldecía mi fortuna dijiste mal -dijo don Quijote-, porque antes la bendigo y 4419bendeciré todos los días de mi vida, por haberme hecho digno de merecer amar tan alta señora como Dulcinea del Toboso. -Tan 4420alta es -respondió Sancho-, que a buena fe que me lleva a más de un coto. -Pues, ¿cómo, Sancho? -dijo don Quijote-. ¿ 4421Haste medido con ella? -Medíme en esta manera -respondió Sancho-: que, llegándole a ayudar a poner un costal de trigo 4422sobre un jumento, llegamos tan juntos que eché de ver que me llevaba más de un gran palmo. -Pues ¡es verdad -replicó don 4423Quijote- que no acompaña esa grandeza y la adorna con mil millones y gracias del alma! Pero no me negarás, Sancho, una cosa: 4424 cuando llegaste junto a ella, ¿no sentiste un olor sabeo, una fragancia aromática, y un no qué de bueno, que yo no 4425acierto a dalle nombre? Digo, ¿un tuho o tufo como si estuvieras en la tienda de algún curioso guantero? -Lo que decir - 4426dijo Sancho- es que sentí un olorcillo algo hombruno; y debía de ser que ella, con el mucho ejercicio, estaba sudada y algo 4427correosa. -No sería eso -respondió don Quijote-, sino que debías de estar romadizado, o te debiste de oler a ti mismo; 4428porque yo bien a lo que huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio del campo, aquel ámbar desleído. -Todo puede ser - 4429respondió Sancho-, que muchas veces sale de aquel olor que entonces me pareció que salía de su merced de la señora 4430Dulcinea; pero no hay de qué maravillarse, que un diablo parece a otro. -Y bien -prosiguió don Quijote-, he aquí que acabó 4431de limpiar su trigo y de enviallo al molino. ¿Qué hizo cuando leyó la carta? -La carta -dijo Sancho- no la leyó, porque dijo 4432 que no sabía leer ni escribir; antes, la rasgó y la hizo menudas piezas, diciendo que no la quería dar a leer a nadie, 4433porque no se supiesen en el lugar sus secretos, y que bastaba lo que yo le había dicho de palabra acerca del amor que