El Quijote
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3072malicia, o bellaquería, por mejor decir: la reina Madásima fue muy principal señora, y no se ha de presumir que tan alta 3073princesa se había de amancebar con un sacapotras; y quien lo contrario entendiere, miente como muy gran bellaco. Y yo se lo 3074daré a entender, a pie o a caballo, armado o desarmado, de noche o de día, o como más gusto le diere. Estábale mirando 3075Cardenio muy atentamente, al cual ya había venido el accidente de su locura y no estaba para proseguir su historia; ni 3076tampoco don Quijote se la oyera, según le había disgustado lo que de Madásima le había oído. ¡Estraño caso; que así volvió 3077por ella como si verdaderamente fuera su verdadera y natural señora: tal le tenían sus descomulgados libros! Digo, pues, que 3078, como ya Cardenio estaba loco y se oyó tratar de mentís y de bellaco, con otros denuestos semejantes, parecióle mal la 3079burla, y alzó un guijarro que halló junto a sí, y dio con él en los pechos tal golpe a don Quijote que le hizo caer de 3080espaldas. Sancho Panza, que de tal modo vio parar a su señor, arremetió al loco con el puño cerrado; y el Roto le recibió de 3081 tal suerte que con una puñada dio con él a sus pies, y luego se subió sobre él y le brumó las costillas muy a su sabor. El 3082cabrero, que le quiso defender, corrió el mesmo peligro. Y, después que los tuvo a todos rendidos y molidos, los dejó y se 3083fue, con gentil sosiego, a emboscarse en la montaña. Levantóse Sancho, y, con la rabia que tenía de verse aporreado tan sin 3084merecerlo, acudió a tomar la venganza del cabrero, diciéndole que él tenía la culpa de no haberles avisado que a aquel 3085hombre le tomaba a tiempos la locura; que, si esto supieran, hubieran estado sobre aviso para poderse guardar. Respondió el 3086cabrero que ya lo había dicho, y que si él no lo había oído, que no era suya la culpa. Replicó Sancho Panza, y tornó a 3087replicar el cabrero, y fue el fin de las réplicas asirse de las barbas y darse tales puñadas que, si don Quijote no los 3088pusiera en paz, se hicieran pedazos. Decía Sancho, asido con el cabrero: -Déjeme vuestra merced, señor Caballero de la 3089Triste Figura, que en éste, que es villano como yo y no está armado caballero, bien puedo a mi salvo satisfacerme del 3090agravio que me ha hecho, peleando con él mano a mano, como hombre honrado. -Así es -dijo don Quijote-, pero yo sé que él no 3091tiene ninguna culpa de lo sucedido. Con esto los apaciguó, y don Quijote volvió a preguntar al cabrero si sería posible 3092hallar a Cardenio, porque quedaba con grandísimo deseo de saber el fin de su historia. Díjole el cabrero lo que primero le 3093había dicho, que era no saber de cierto su manida; pero que, si anduviese mucho por aquellos contornos, no dejaría de 3094hallarle, o cuerdo o loco.
Capítulo XXV. Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena sucedieron al valiente 3095caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo a la penitencia de Beltenebros
Despidióse del cabrero don Quijote, y, 3096subiendo otra vez sobre Rocinante, mandó a Sancho que le siguiese, el cual lo hizo, con su jumento, de muy mala gana. Íbanse 3097 poco a poco entrando en lo más áspero de la montaña, y Sancho iba muerto por razonar con su amo, y deseaba que él comenzase 3098la plática, por no contravenir a lo que le tenía mandado; mas, no pudiendo sufrir tanto silencio, le dijo: -Señor don 3099Quijote, vuestra merced me eche su bendición y me dé licencia; que desde aquí me quiero volver a mi casa, y a mi mujer y a 3100mis hijos, con los cuales, por lo menos, hablaré y departiré todo lo que quisiere; porque querer vuestra merced que vaya con
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