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El Quijote
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α Día 2014-12-17 ω
3043su padre por esposa, tan discreto, tan honesto y tan enamorado que, en leyéndolo, me dijo que en sola Luscinda se encerraban 3044 todas las gracias de hermosura y de entendimiento que en las demás mujeres del mundo estaban repartidas. »Bien es verdad 3045que quiero confesar ahora que, puesto que yo veía con cuán justas causas don Fernando a Luscinda alababa, me pesaba de oír 3046aquellas alabanzas de su boca, y comencé a temer y a recelarme dél, porque no se pasaba momento donde no quisiese que 3047tratásemos de Luscinda, y él movía la plática, aunque la trujese por los cabellos; cosa que despertaba en un no qué de 3048 celos, no porque yo temiese revés alguno de la bondad y de la fe de Luscinda, pero, con todo eso, me hacía temer mi suerte 3049lo mesmo que ella me aseguraba. Procuraba siempre don Fernando leer los papeles que yo a Luscinda enviaba y los que ella me 3050respondía, a título que de la discreción de los dos gustaba mucho. Acaeció, pues, que, habiéndome pedido Luscinda un libro 3051de caballerías en que leer, de quien era ella muy aficionada, que era el de Amadís de Gaula...» No hubo bien oído don 3052Quijote nombrar libro de caballerías, cuando dijo: -Con que me dijera vuestra merced, al principio de su historia, que su 3053merced de la señora Luscinda era aficionada a libros de caballerías, no fuera menester otra exageración para darme a entender 3054 la alteza de su entendimiento, porque no le tuviera tan bueno como vos, señor, le habéis pintado, si careciera del gusto de 3055 tan sabrosa leyenda: así que, para conmigo, no es menester gastar más palabras en declararme su hermosura, valor y 3056entendimiento; que, con sólo haber entendido su afición, la confirmo por la más hermosa y más discreta mujer del mundo. Y 3057quisiera yo, señor, que vuestra merced le hubiera enviado junto con Amadís de Gaula al bueno de Don Rugel de Grecia, que yo 3058 que gustara la señora Luscinda mucho de Daraida y Geraya, y de las discreciones del pastor Darinel y de aquellos 3059admirables versos de sus bucólicas, cantadas y representadas por él con todo donaire, discreción y desenvoltura. Pero tiempo 3060podrá venir en que se enmiende esa falta, y no dura más en hacerse la enmienda de cuanto quiera vuestra merced ser servido 3061de venirse conmigo a mi aldea, que allí le podré dar más de trecientos libros, que son el regalo de mi alma y el 3062entretenimiento de mi vida; aunque tengo para que ya no tengo ninguno, merced a la malicia de malos y envidiosos 3063encantadores. Y perdóneme vuestra merced el haber contravenido a lo que prometimos de no interromper su plática, pues, en 3064oyendo cosas de caballerías y de caballeros andantes, así es en mi mano dejar de hablar en ellos, como lo es en la de los 3065rayos del sol dejar de calentar, ni humedecer en los de la luna. Así que, perdón y proseguir, que es lo que ahora hace más 3066al caso. En tanto que don Quijote estaba diciendo lo que queda dicho, se le había caído a Cardenio la cabeza sobre el pecho, 3067 dando muestras de estar profundamente pensativo. Y, puesto que dos veces le dijo don Quijote que prosiguiese su historia, 3068ni alzaba la cabeza ni respondía palabra; pero, al cabo de un buen espacio, la levantó y dijo: -No se me puede quitar del 3069pensamiento, ni habrá quien me lo quite en el mundo, ni quien me a entender otra cosa (y sería un majadero el que lo 3070contrario entendiese o creyese), sino que aquel bellaconazo del maestro Elisabat estaba amancebado con la reina Madésima. - 3071Eso no, ¡voto a tal! -respondió con mucha cólera don Quijote (y arrojóle, como tenía de costumbre)-; y ésa es una muy gran