(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2014-12-14 ω
2956ora ayudándoos a llorarla, como os lo he prometido. El Caballero del Bosque, que de tal manera oyó hablar al de la Triste 2957Figura, no hacía sino mirarle, y remirarle y tornarle a mirar de arriba abajo; y, después que le hubo bien mirado, le dijo: 2958-Si tienen algo que darme a comer, por amor de Dios que me lo den; que, después de haber comido, yo haré todo lo que se me 2959manda, en agradecimiento de tan buenos deseos como aquí se me han mostrado. Luego sacaron, Sancho de su costal y el cabrero 2960de su zurrón, con que satisfizo el Roto su hambre, comiendo lo que le dieron como persona atontada, tan apriesa que no daba 2961espacio de un bocado al otro, pues antes los engullía que tragaba; y, en tanto que comía, ni él ni los que le miraban 2962hablaban palabra. Como acabó de comer, les hizo de señas que le siguiesen, como lo hicieron, y él los llevó a un verde 2963pradecillo que a la vuelta de una peña poco desviada de allí estaba. En llegando a él se tendió en el suelo, encima de la 2964yerba, y los demás hicieron lo mismo; y todo esto sin que ninguno hablase, hasta que el Roto, después de haberse acomodado en 2965 su asiento, dijo: -Si gustáis, señores, que os diga en breves razones la inmensidad de mis desventuras, habéisme de 2966prometer de que con ninguna pregunta, ni otra cosa, no interromperéis el hilo de mi triste historia; porque en el punto que 2967lo hagáis, en ése se quedará lo que fuere contando. Estas razones del Roto trujeron a la memoria a don Quijote el cuento que 2968le había contado su escudero, cuando no acertó el número de las cabras que habían pasado el río y se quedó la historia 2969pendiente. Pero, volviendo al Roto, prosiguió diciendo: -Esta prevención que hago es porque querría pasar brevemente por el 2970cuento de mis desgracias; que el traerlas a la memoria no me sirve de otra cosa que añadir otras de nuevo, y, mientras menos 2971 me preguntáredes, más presto acabaré yo de decillas, puesto que no dejaré por contar cosa alguna que sea de importancia 2972para no satisfacer del todo a vuestro deseo. Don Quijote se lo prometió, en nombre de los demás, y él, con este seguro, 2973comenzó desta manera: -«Mi nombre es Cardenio; mi patria, una ciudad de las mejores desta Andalucía; mi linaje, noble; mis 2974padres, ricos; mi desventura, tanta que la deben de haber llorado mis padres y sentido mi linaje, sin poderla aliviar con su 2975 riqueza; que para remediar desdichas del cielo poco suelen valer los bienes de fortuna. Vivía en esta mesma tierra un cielo, 2976 donde puso el amor toda la gloria que yo acertara a desearme: tal es la hermosura de Luscinda, doncella tan noble y tan 2977rica como yo, pero de más ventura y de menos firmeza de la que a mis honrados pensamientos se debía. A esta Luscinda amé, 2978quise y adoré desde mis tiernos y primeros años, y ella me quiso a con aquella sencillez y buen ánimo que su poca edad 2979permitía. Sabían nuestros padres nuestros intentos, y no les pesaba dello, porque bien veían que, cuando pasaran adelante, 2980no podían tener otro fin que el de casarnos, cosa que casi la concertaba la igualdad de nuestro linaje y riquezas. Creció la 2981 edad, y con ella el amor de entrambos, que al padre de Luscinda le pareció que por buenos respetos estaba obligado a negarme 2982 la entrada de su casa, casi imitando en esto a los padres de aquella Tisbe tan decantada de los poetas. Y fue esta negación 2983 añadir llama a llama y deseo a deseo, porque, aunque pusieron silencio a las lenguas, no le pudieron poner a las plumas, 2984las cuales, con más libertad que las lenguas, suelen dar a entender a quien quieren lo que en el alma está encerrado; que