El Quijote
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2231acometer esta tan desemejable aventura que le espera. -¿A qué llamas apear o a qué dormir? -dijo don Quijote-. ¿Soy yo, por 2232ventura, de aquellos caballeros que toman reposo en los peligros? Duerme tú, que naciste para dormir, o haz lo que quisieres, 2233 que yo haré lo que viere que más viene con mi pretensión. No se enoje vuestra merced, señor mío -respondió Sancho-, que no 2234lo dije por tanto. Y, llegándose a él, puso la una mano en el arzón delantero y la otra en el otro, de modo que quedó 2235abrazado con el muslo izquierdo de su amo, sin osarse apartar dél un dedo: tal era el miedo que tenía a los golpes, que 2236todavía alternativamente sonaban. Díjole don Quijote que contase algún cuento para entretenerle, como se lo había prometido, 2237a lo que Sancho dijo que sí hiciera si le dejara el temor de lo que oía. -Pero, con todo eso, yo me esforzaré a decir una 2238historia que, si la acierto a contar y no me van a la mano, es la mejor de las historias; y estéme vuestra merced atento, 2239que ya comienzo. «Érase que se era, el bien que viniere para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar...» Y 2240advierta vuestra merced, señor mío, que el principio que los antiguos dieron a sus consejas no fue así comoquiera, que fue 2241una sentencia de Catón Zonzorino, romano, que dice: "Y el mal, para quien le fuere a buscar", que viene aquí como anillo al 2242dedo, para que vuestra merced se esté quedo y no vaya a buscar el mal a ninguna parte, sino que nos volvamos por otro camino 2243, pues nadie nos fuerza a que sigamos éste, donde tantos miedos nos sobresaltan. -Sigue tu cuento, Sancho -dijo don Quijote- 2244, y del camino que hemos de seguir déjame a mí el cuidado. -«Digo, pues -prosiguió Sancho-, que en un lugar de Estremadura 2245había un pastor cabrerizo (quiero decir que guardaba cabras), el cual pastor o cabrerizo, como digo, de mi cuento, se 2246llamaba Lope Ruiz; y este Lope Ruiz andaba enamorado de una pastora que se llamaba Torralba, la cual pastora llamada 2247Torralba era hija de un ganadero rico, y este ganadero rico...» -Si desa manera cuentas tu cuento, Sancho -dijo don Quijote-, 2248 repitiendo dos veces lo que vas diciendo, no acabarás en dos días; dilo seguidamente y cuéntalo como hombre de 2249entendimiento, y si no, no digas nada. -De la misma manera que yo lo cuento -respondió Sancho-, se cuentan en mi tierra 2250todas las consejas, y yo no sé contarlo de otra, ni es bien que vuestra merced me pida que haga usos nuevos. -Di como 2251quisieres -respondió don Quijote-; que, pues la suerte quiere que no pueda dejar de escucharte, prosigue. -«Así que, señor 2252mío de mi ánima -prosiguió Sancho-, que, como ya tengo dicho, este pastor andaba enamorado de Torralba, la pastora, que era 2253una moza rolliza, zahareña y tiraba algo a hombruna, porque tenía unos pocos de bigotes, que parece que ahora la veo.» - 2254Luego, ¿conocístela tú? -dijo don Quijote. -No la conocí yo -respondió Sancho-, pero quien me contó este cuento me dijo que 2255era tan cierto y verdadero que podía bien, cuando lo contase a otro, afirmar y jurar que lo había visto todo. «Así que, yendo 2256 días y viniendo días, el diablo, que no duerme y que todo lo añasca, hizo de manera que el amor que el pastor tenía a la 2257pastora se volviese en omecillo y mala voluntad; y la causa fue, según malas lenguas, una cierta cantidad de celillos que 2258ella le dio, tales que pasaban de la raya y llegaban a lo vedado; y fue tanto lo que el pastor la aborreció de allí adelante 2259que, por no verla, se quiso ausentar de aquella tierra e irse donde sus ojos no la viesen jamás. La Torralba, que se vio
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