(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2014-11-05 ω
1825cuentos ni de caballerías, que yo no tengo cuenta con otra cosa que con cobrar mi hacienda. -Vos sois un sandio y mal 1826hostalero -respondió don Quijote. Y, poniendo piernas al Rocinante y terciando su lanzón, se salió de la venta sin que nadie 1827 le detuviese, y él, sin mirar si le seguía su escudero, se alongó un buen trecho. El ventero, que le vio ir y que no le 1828pagaba, acudió a cobrar de Sancho Panza, el cual dijo que, pues su señor no había querido pagar, que tampoco él pagaría; 1829porque, siendo él escudero de caballero andante, como era, la mesma regla y razón corría por él como por su amo en no pagar 1830cosa alguna en los mesones y ventas. Amohinóse mucho desto el ventero, y amenazóle que si no le pagaba, que lo cobraría de 1831modo que le pesase. A lo cual Sancho respondió que, por la ley de caballería que su amo había recebido, no pagaría un solo 1832cornado, aunque le costase la vida; porque no había de perder por él la buena y antigua usanza de los caballeros andantes, ni 1833 se habían de quejar dél los escuderos de los tales que estaban por venir al mundo, reprochándole el quebrantamiento de tan 1834justo fuero. Quiso la mala suerte del desdichado Sancho que, entre la gente que estaba en la venta, se hallasen cuatro 1835perailes de Segovia, tres agujeros del Potro de Córdoba y dos vecinos de la Heria de Sevilla, gente alegre, bien 1836intencionada, maleante y juguetona, los cuales, casi como instigados y movidos de un mesmo espíritu, se llegaron a Sancho, y, 1837 apeándole del asno, uno dellos entró por la manta de la cama del huésped, y, echándole en ella, alzaron los ojos y vieron 1838que el techo era algo más bajo de lo que habían menester para su obra, y determinaron salirse al corral, que tenía por 1839límite el cielo. Y allí, puesto Sancho en mitad de la manta, comenzaron a levantarle en alto y a holgarse con él como con 1840perro por carnestolendas. Las voces que el mísero manteado daba fueron tantas, que llegaron a los oídos de su amo; el cual, 1841determinándose a escuchar atentamente, creyó que alguna nueva aventura le venía, hasta que claramente conoció que el que 1842gritaba era su escudero; y, volviendo las riendas, con un penado galope llegó a la venta, y, hallándola cerrada, la rodeó por 1843 ver si hallaba por donde entrar; pero no hubo llegado a las paredes del corral, que no eran muy altas, cuando vio el mal 1844juego que se le hacía a su escudero. Viole bajar y subir por el aire, con tanta gracia y presteza que, si la cólera le 1845dejara, tengo para que se riera. Probó a subir desde el caballo a las bardas, pero estaba tan molido y quebrantado que aun 1846 apearse no pudo; y así, desde encima del caballo, comenzó a decir tantos denuestos y baldones a los que a Sancho manteaban, 1847 que no es posible acertar a escribillos; mas no por esto cesaban ellos de su risa y de su obra, ni el volador Sancho dejaba 1848 sus quejas, mezcladas ya con amenazas, ya con ruegos; mas todo aprovechaba poco, ni aprovechó, hasta que de puro cansados le 1849 dejaron. Trujéronle allí su asno, y, subiéndole encima, le arroparon con su gabán. Y la compasiva de Maritornes, viéndole 1850tan fatigado, le pareció ser bien socorrelle con un jarro de agua, y así, se le trujo del pozo, por ser más frío. Tomóle 1851Sancho, y llevándole a la boca, se paró a las voces que su amo le daba, diciendo: -¡Hijo Sancho, no bebas agua! ¡Hijo, no la 1852 bebas, que te matará! ¿Ves? Aquí tengo el santísimo bálsamo -y enseñábale la alcuza del brebaje-, que con dos gotas que dél 1853 bebas sanarás sin duda. A estas voces volvió Sancho los ojos, como de través, y dijo con otras mayores: -¿Por dicha hásele