(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2014-11-02 ω
1737entendimiento? ¿Qué de otras cosas ocultas, que, por guardar la fe que debo a mi señora Dulcinea del Toboso, dejaré pasar 1738intactas y en silencio? Sólo te quiero decir que, envidioso el cielo de tanto bien como la ventura me había puesto en las 1739manos, o quizá, y esto es lo más cierto, que, como tengo dicho, es encantado este castillo, al tiempo que yo estaba con ella 1740en dulcísimos y amorosísimos coloquios, sin que yo la viese ni supiese por dónde venía, vino una mano pegada a algún brazo 1741de algún descomunal gigante y asentóme una puñada en las quijadas, tal, que las tengo todas bañadas en sangre; y después me 1742molió de tal suerte que estoy peor que ayer cuando los gallegos, que, por demasías de Rocinante, nos hicieron el agravio que 1743sabes. Por donde conjeturo que el tesoro de la fermosura desta doncella le debe de guardar algún encantado moro, y no debe 1744de ser para . -Ni para tampoco -respondió Sancho-, porque más de cuatrocientos moros me han aporreado a , de manera 1745que el molimiento de las estacas fue tortas y pan pintado. Pero dígame, señor, ¿cómo llama a ésta buena y rara aventura, 1746habiendo quedado della cual quedamos? Aun vuestra merced menos mal, pues tuvo en sus manos aquella incomparable fermosura que 1747 ha dicho, pero yo, ¿qué tuve sino los mayores porrazos que pienso recebir en toda mi vida? ¡Desdichado de y de la madre 1748que me parió, que ni soy caballero andante, ni lo pienso ser jamás, y de todas las malandanzas me cabe la mayor parte! - 1749Luego, ¿también estás aporreado? -respondió don Quijote. -¿No le he dicho que , pesia a mi linaje? -dijo Sancho. -No 1750tengas pena, amigo -dijo don Quijote-, que yo haré agora el bálsamo precioso con que sanaremos en un abrir y cerrar de ojos. 1751Acabó en esto de encender el candil el cuadrillero, y entró a ver el que pensaba que era muerto; y, así como le vio entrar 1752Sancho, viéndole venir en camisa y con su paño de cabeza y candil en la mano, y con una muy mala cara, preguntó a su amo: - 1753Señor, ¿si será éste, a dicha, el moro encantado, que nos vuelve a castigar, si se dejó algo en el tintero? -No puede ser el 1754 moro -respondió don Quijote-, porque los encantados no se dejan ver de nadie. -Si no se dejan ver, déjanse sentir -dijo 1755Sancho-; si no, díganlo mis espaldas. -También lo podrían decir las mías -respondió don Quijote-, pero no es bastante 1756indicio ése para creer que este que se vee sea el encantado moro. Llegó el cuadrillero, y, como los halló hablando en tan 1757sosegada conversación, quedó suspenso. Bien es verdad que aún don Quijote se estaba boca arriba, sin poderse menear, de puro 1758 molido y emplastado. Llegóse a él el cuadrillero y díjole: -Pues, ¿cómo va, buen hombre? -Hablara yo más bien criado - 1759respondió don Quijote-, si fuera que vos. ¿Úsase en esta tierra hablar desa suerte a los caballeros andantes, majadero? El 1760cuadrillero, que se vio tratar tan mal de un hombre de tan mal parecer, no lo pudo sufrir, y, alzando el candil con todo su 1761aceite, dio a don Quijote con él en la cabeza, de suerte que le dejó muy bien descalabrado; y, como todo quedó ascuras, 1762salióse luego; y Sancho Panza dijo: -Sin duda, señor, que éste es el moro encantado, y debe de guardar el tesoro para otros, 1763 y para nosotros sólo guarda las puñadas y los candilazos. -Así es -respondió don Quijote-, y no hay que hacer caso destas 1764cosas de encantamentos, ni hay para qué tomar cólera ni enojo con ellas; que, como son invisibles y fantásticas, no 1765hallaremos de quién vengarnos, aunque más lo procuremos. Levántate, Sancho, si puedes, y llama al alcaide desta fortaleza, y 1766 procura que se me un poco de aceite, vino, sal y romero para hacer el salutífero bálsamo; que en verdad que creo que lo