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El Quijote
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α Día 2014-11-01 ω
1708al palo, daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza a él, el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa 1709que no se daban punto de reposo; y fue lo bueno que al ventero se le apagó el candil, y, como quedaron ascuras, dábanse tan 1710sin compasión todos a bulto que, a doquiera que ponían la mano, no dejaban cosa sana. Alojaba acaso aquella noche en la 1711venta un cuadrillero de los que llaman de la Santa Hermandad Vieja de Toledo, el cual, oyendo ansimesmo el estraño estruendo 1712 de la pelea, asió de su media vara y de la caja de lata de sus títulos, y entró ascuras en el aposento, diciendo: -¡ 1713Ténganse a la justicia! ¡Ténganse a la Santa Hermandad! Y el primero con quien topó fue con el apuñeado de don Quijote, que 1714estaba en su derribado lecho, tendido boca arriba, sin sentido alguno, y, echándole a tiento mano a las barbas, no cesaba de 1715 decir: -¡Favor a la justicia! Pero, viendo que el que tenía asido no se bullía ni meneaba, se dio a entender que estaba 1716muerto, y que los que allí dentro estaban eran sus matadores; y con esta sospecha reforzó la voz, diciendo: -¡Ciérrese la 1717puerta de la venta! ¡Miren no se vaya nadie, que han muerto aquí a un hombre! Esta voz sobresaltó a todos, y cada cual dejó 1718la pendencia en el grado que le tomó la voz. Retiróse el ventero a su aposento, el arriero a sus enjalmas, la moza a su 1719rancho; solos los desventurados don Quijote y Sancho no se pudieron mover de donde estaban. Soltó en esto el cuadrillero la 1720barba de don Quijote, y salió a buscar luz para buscar y prender los delincuentes; mas no la halló, porque el ventero, de 1721industria, había muerto la lámpara cuando se retiró a su estancia, y fuele forzoso acudir a la chimenea, donde, con mucho 1722trabajo y tiempo, encendió el cuadrillero otro candil.

Capítulo XVII. Donde se prosiguen los innumerables trabajos que
1723el bravo don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que, por su mal, pensó que era castillo

Había ya
1724 vuelto en este tiempo de su parasismo don Quijote, y, con el mesmo tono de voz con que el día antes había llamado a su 1725escudero, cuando estaba tendido en el val de las estacas, le comenzó a llamar, diciendo: -Sancho amigo, ¿duermes? ¿Duermes, 1726amigo Sancho? -¿Qué tengo de dormir, pesia a -respondió Sancho, lleno de pesadumbre y de despecho-; que no parece sino 1727que todos los diablos han andado conmigo esta noche? -Puédeslo creer ansí, sin duda -respondió don Quijote-, porque, o yo 1728 poco, o este castillo es encantado. Porque has de saber... Mas, esto que ahora quiero decirte hasme de jurar que lo tendrás 1729 secreto hasta después de mi muerte. - juro -respondió Sancho. -Dígolo -replicó don Quijote-, porque soy enemigo de que 1730se quite la honra a nadie. -Digo que juro -tornó a decir Sancho- que lo callaré hasta después de los días de vuestra 1731merced, y plega a Dios que lo pueda descubrir mañana. -¿Tan malas obras te hago, Sancho -respondió don Quijote-, que me 1732querrías ver muerto con tanta brevedad? -No es por eso -respondió Sancho-, sino porque soy enemigo de guardar mucho las 1733cosas, y no querría que se me pudriesen de guardadas. -Sea por lo que fuere -dijo don Quijote-; que más fío de tu amor y de 1734tu cortesía; y así, has de saber que esta noche me ha sucedido una de las más estrañas aventuras que yo sabré encarecer; y, 1735por contártela en breve, sabrás que poco ha que a vino la hija del señor deste castillo, que es la más apuesta y fermosa 1736doncella que en gran parte de la tierra se puede hallar. ¿Qué te podría decir del adorno de su persona? ¿Qué de su gallardo