El Quijote
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1332 mi parte), que, dejando de abrasar estos papeles, me dejes llevar algunos dellos. Y, sin aguardar que el pastor respondiese 1333, alargó la mano y tomó algunos de los que más cerca estaban; viendo lo cual Ambrosio, dijo: -Por cortesía consentiré que os 1334 quedéis, señor, con los que ya habéis tomado; pero pensar que dejaré de abrasar los que quedan es pensamiento vano. 1335Vivaldo, que deseaba ver lo que los papeles decían, abrió luego el uno dellos y vio que tenía por título: Canción desesperada 1336. Oyólo Ambrosio y dijo: -Ése es el último papel que escribió el desdichado; y, porque veáis, señor, en el término que le 1337tenían sus desventuras, leelde de modo que seáis oído; que bien os dará lugar a ello el que se tardare en abrir la sepultura. 1338 -Eso haré yo de muy buena gana -dijo Vivaldo. Y, como todos los circunstantes tenían el mesmo deseo, se le pusieron a la 1339redonda; y él, leyendo en voz clara, vio que así decía:
Capítulo XIV. Donde se ponen los versos desesperados del difunto 1340pastor, con otros no esperados sucesos
Canción de Grisóstomo
Ya que quieres, cruel, que se publique, de lengua en 1341lengua y de una en otra gente, del áspero rigor tuyo la fuerza, haré que el mesmo infierno comunique al triste pecho mío un 1342 son doliente, con que el uso común de mi voz tuerza. Y al par de mi deseo, que se esfuerza a decir mi dolor y tus hazañas, 1343 de la espantable voz irá el acento, y en él mezcladas, por mayor tormento, pedazos de las míseras entrañas. Escucha, pues 1344, y presta atento oído, no al concertado son, sino al rüido que de lo hondo de mi amargo pecho, llevado de un forzoso 1345desvarío, por gusto mío sale y tu despecho.
El rugir del león, del lobo fiero el temeroso aullido, el silbo horrendo de 1346escamosa serpiente, el espantable baladro de algún monstruo, el agorero graznar de la corneja, y el estruendo del viento 1347contrastado en mar instable; del ya vencido toro el implacable bramido, y de la viuda tortolilla el sentible arrullar; el 1348triste canto del envidiado búho, con el llanto de toda la infernal negra cuadrilla, salgan con la doliente ánima fuera, 1349mezclados en un son, de tal manera que se confundan los sentidos todos, pues la pena cruel que en mí se halla para contalla 1350 pide nuevos modos.
De tanta confusión no las arenas del padre Tajo oirán los tristes ecos, ni del famoso Betis las 1351olivas: que allí se esparcirán mis duras penas en altos riscos y en profundos huecos, con muerta lengua y con palabras 1352vivas; o ya en escuros valles, o en esquivas playas, desnudas de contrato humano, o adonde el sol jamás mostró su lumbre, 1353o entre la venenosa muchedumbre de fieras que alimenta el libio llano; que, puesto que en los páramos desiertos los ecos 1354roncos de mi mal, inciertos, suenen con tu rigor tan sin segundo, por privilegio de mis cortos hados, serán llevados por el 1355 ancho mundo.
Mata un desdén, atierra la paciencia, o verdadera o falsa, una sospecha; matan los celos con rigor más 1356fuerte; desconcierta la vida larga ausencia; contra un temor de olvido no aprovecha firme esperanza de dichosa suerte. En 1357todo hay cierta, inevitable muerte; mas yo, ¡milagro nunca visto!, vivo celoso, ausente, desdeñado y cierto de las 1358sospechas que me tienen muerto; y en el olvido en quien mi fuego avivo, y, entre tantos tormentos, nunca alcanza mi vista a 1359 ver en sombra a la esperanza, ni yo, desesperado, la procuro; antes, por estremarme en mi querella, estar sin ella 1360eternamente juro.
¿Puédese, por ventura, en un instante esperar y temer, o es bien hacello, siendo las causas del temor
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