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El Quijote
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α Día 2016-04-08 ω
16595ocupar el lugar que en mi alma tiene es pensar lo imposible. Suficiente desengaño es éste para que os retiréis en los 16596límites de vuestra honestidad, pues nadie se puede obligar a lo imposible.

Oyendo lo cual Altisidora, mostrando enojarse
16597y alterarse, le dijo:

Vive el Señor, don bacallao, alma de almirez, cuesco de dátil, más terco y duro que villano
16598rogado cuando tiene la suya sobre el hito, que si arremeto a vos, que os tengo de sacar los ojos! ¿Pensáis por ventura, don 16599vencido y don molido a palos, que yo me he muerto por vos? Todo lo que habéis visto esta noche ha sido fingido; que no soy 16600yo mujer que por semejantes camellos había de dejar que me doliese un negro de la uña, cuanto más morirme.

-Eso creo yo
16601muy bien -dijo Sancho-, que esto del morirse los enamorados es cosa de risa: bien lo pueden ellos decir, pero hacer, créalo 16602Judas.

Estando en estas pláticas, entró el músico, cantor y poeta que había cantado las dos ya referidas estancias, el
16603cual, haciendo una gran reverencia a don Quijote, dijo:

-Vuestra merced, señor caballero, me cuente y tenga en el número
16604de sus mayores servidores, porque ha muchos días que le soy muy aficionado, así por su fama como por sus hazañas.

Don
16605Quijote le respondió:

-Vuestra merced me diga quién es, porque mi cortesía responda a sus merecimientos.

El mozo
16606respondió que era el músico y panegírico de la noche antes.

-Por cierto -replicó don Quijote-, que vuestra merced tiene
16607estremada voz, pero lo que cantó no me parece que fue muy a propósito; porque, ¿qué tienen que ver las estancias de 16608Garcilaso con la muerte desta señora?

-No se maraville vuestra merced deso -respondió el músico-, que ya entre los
16609intonsos poetas de nuestra edad se usa que cada uno escriba como quisiere, y hurte de quien quisiere, venga o no venga a 16610pelo de su intento, y ya no hay necedad que canten o escriban que no se atribuya a licencia poética.

Responder quisiera
16611don Quijote, pero estorbáronlo el duque y la duquesa, que entraron a verle, entre los cuales pasaron una larga y dulce 16612plática, en la cual dijo Sancho tantos donaires y tantas malicias, que dejaron de nuevo admirados a los duques, así con su 16613simplicidad como con su agudeza. Don Quijote les suplicó le diesen licencia para partirse aquel mismo día, pues a los 16614vencidos caballeros, como él, más les convenía habitar una zahúrda que no reales palacios. Diéronsela de muy buena gana, y 16615la duquesa le preguntó si quedaba en su gracia Altisidora. Él le respondió:

-Señora mía, sepa Vuestra Señoría que todo el
16616 mal desta doncella nace de ociosidad, cuyo remedio es la ocupación honesta y continua. Ella me ha dicho aquí que se usan 16617randas en el infierno; y, pues ella las debe de saber hacer, no las deje de la mano, que, ocupada en menear los palillos, 16618no se menearán en su imaginación la imagen o imágines de lo que bien quiere; y ésta es la verdad, éste mi parecer y éste es 16619mi consejo.

-Y el mío -añadió Sancho-, pues no he visto en toda mi vida randera que por amor se haya muerto; que las
16620doncellas ocupadas más ponen sus pensamientos en acabar sus tareas que en pensar en sus amores. Por lo digo, pues, 16621mientras estoy cavando, no me acuerdo de mi oíslo; digo, de mi Teresa Panza, a quien quiero más que a las pestañas de mis 16622ojos.

-Vos decís muy bien, Sancho -dijo la duquesa-, y yo haré que mi Altisidora se ocupe de aquí adelante en hacer