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El Quijote
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α Día 2016-04-01 ω
16399ausencia de Dulcinea.

Llegóse en esto el día, dio el sol con sus rayos en los ojos a Sancho, despertó y esperezóse,
16400sacudiéndose y estirándose los perezosos miembros; miró el destrozo que habían hecho los puercos en su repostería, y maldijo 16401 la piara y aun más adelante. Finalmente, volvieron los dos a su comenzado camino, y al declinar de la tarde vieron que 16402hacia ellos venían hasta diez hombres de a caballo y cuatro o cinco de a pie. Sobresaltóse el corazón de don Quijote y 16403azoróse el de Sancho, porque la gente que se les llegaba traía lanzas y adargas y venía muy a punto de guerra. Volvióse don 16404Quijote a Sancho, y díjole:

-Si yo pudiera, Sancho, ejercitar mis armas, y mi promesa no me hubiera atado los brazos,
16405esta máquina que sobre nosotros viene la tuviera yo por tortas y pan pintado, pero podría ser fuese otra cosa de la que 16406tememos.

Llegaron, en esto, los de a caballo, y arbolando las lanzas, sin hablar palabra alguna rodearon a don Quijote y
16407se las pusieron a las espaldas y pechos, amenazándole de muerte. Uno de los de a pie, puesto un dedo en la boca, en señal 16408de que callase, asió del freno de Rocinante y le sacó del camino; y los demás de a pie, antecogiendo a Sancho y al rucio, 16409guardando todos maravilloso silencio, siguieron los pasos del que llevaba a don Quijote, el cual dos o tres veces quiso 16410preguntar adónde le llevaban o qué querían; pero, apenas comenzaba a mover los labios, cuando se los iban a cerrar con los 16411hierros de las lanzas; y a Sancho le acontecía lo mismo, porque, apenas daba muestras de hablar, cuando uno de los de a pie, 16412 con un aguijón, le punzaba, y al rucio ni más ni menos como si hablar quisiera. Cerró la noche, apresuraron el paso, 16413creció en los dos presos el miedo, y más cuando oyeron que de cuando en cuando les decían:

Caminad, trogloditas!

16414Callad, bárbaros!

Pagad, antropófagos!

No os quejéis, scitas, ni abráis los ojos, Polifemos matadores, leones
16415carniceros!

Y otros nombres semejantes a éstos, con que atormentaban los oídos de los miserables amo y mozo. Sancho iba
16416diciendo entre :

-¿Nosotros tortolitas? ¿Nosotros barberos ni estropajos? ¿Nosotros perritas, a quien dicen cita, cita?
16417 No me contentan nada estos nombres: a mal viento va esta parva; todo el mal nos viene junto, como al perro los palos, y ¡ 16418ojalá parase en ellos lo que amenaza esta aventura tan desventurada!

Iba don Quijote embelesado, sin poder atinar con
16419cuantos discursos hacía qué serían aquellos nombres llenos de vituperios que les ponían, de los cuales sacaba en limpio no 16420esperar ningún bien y temer mucho mal. Llegaron, en esto, un hora casi de la noche, a un castillo, que bien conoció don 16421Quijote que era el del duque, donde había poco que habían estado.

Váleme Dios! -dijo, así como conoció la estancia- y ¿
16422qué será esto? que en esta casa todo es cortesía y buen comedimiento, pero para los vencidos el bien se vuelve en mal y 16423el mal en peor.

Entraron al patio principal del castillo, y viéronle aderezado y puesto de manera que les acrecentó la
16424admiración y les dobló el miedo, como se verá en el siguiente capítulo.





Capítulo LXIX. Del más raro y más nuevo
16425suceso que en todo el discurso desta grande historia avino a don Quijote

Apeáronse los de a caballo, y, junto con los
16426de a pie, tomando en peso y arrebatadamente a Sancho y a don Quijote, los entraron en el patio, alrededor del cual ardían