(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
en 17000 tuits
α Día 2016-03-27 ω
16259esperando.





Capítulo LXVII. De la resolución que tomó don Quijote de hacerse pastor y seguir la vida del campo, en
16260 tanto que se pasaba el año de su promesa, con otros sucesos en verdad gustosos y buenos

Si muchos pensamientos
16261fatigaban a don Quijote antes de ser derribado, muchos más le fatigaron después de caído. A la sombra del árbol estaba, 16262como se ha dicho, y allí, como moscas a la miel, le acudían y picaban pensamientos: unos iban al desencanto de Dulcinea y 16263otros a la vida que había de hacer en su forzosa retirada. Llegó Sancho y alabóle la liberal condición del lacayo Tosilos. 16264 -¿Es posible -le dijo don Quijote- que todavía, ¡oh Sancho!, pienses que aquél sea verdadero lacayo? Parece que se te ha 16265ido de las mientes haber visto a Dulcinea convertida y transformada en labradora, y al Caballero de los Espejos en el 16266bachiller Carrasco, obras todas de los encantadores que me persiguen. Pero dime agora: ¿preguntaste a ese Tosilos que dices 16267qué ha hecho Dios de Altisidora: si ha llorado mi ausencia, o si ha dejado ya en las manos del olvido los enamorados 16268pensamientos que en mi presencia la fatigaban?

-No eran -respondió Sancho- los que yo tenía tales que me diesen lugar a
16269preguntar boberías. ¡Cuerpo de !, señor, ¿está vuestra merced ahora en términos de inquirir pensamientos ajenos, 16270especialmente amorosos?

-Mira, Sancho -dijo don Quijote-, mucha diferencia hay de las obras que se hacen por amor a las
16271que se hacen por agradecimiento. Bien puede ser que un caballero sea desamorado, pero no puede ser, hablando en todo rigor, 16272que sea desagradecido. Quísome bien, al parecer, Altisidora; diome los tres tocadores que sabes, lloró en mi partida, 16273maldíjome, vituperóme, quejóse, a despecho de la vergüenza, públicamente: señales todas de que me adoraba, que las iras de 16274los amantes suelen parar en maldiciones. Yo no tuve esperanzas que darle, ni tesoros que ofrecerle, porque las mías las 16275tengo entregadas a Dulcinea, y los tesoros de los caballeros andantes son, como los de los duendes, aparentes y falsos, y 16276sólo puedo darle estos acuerdos que della tengo, sin perjuicio, pero, de los que tengo de Dulcinea, a quien agravias con 16277 la remisión que tienes en azotarte y en castigar esas carnes, que vea yo comidas de lobos, que quieren guardarse antes para 16278 los gusanos que para el remedio de aquella pobre señora.

-Señor -respondió Sancho-, si va a decir la verdad, yo no me
16279puedo persuadir que los azotes de mis posaderas tengan que ver con los desencantos de los encantados, que es como si 16280dijésemos: "Si os duele la cabeza, untaos las rodillas". A lo menos, yo osaré jurar que en cuantas historias vuesa merced 16281ha leído que tratan de la andante caballería no ha visto algún desencantado por azotes; pero, por o por no, yo me los 16282daré, cuando tenga gana y el tiempo me comodidad para castigarme.

-Dios lo haga -respondió don Quijote-, y los cielos
16283te den gracia para que caigas en la cuenta y en la obligación que te corre de ayudar a mi señora, que lo es tuya, pues 16284eres mío.

En estas pláticas iban siguiendo su camino, cuando llegaron al mesmo sitio y lugar donde fueron atropellados de
16285 los toros. Reconocióle don Quijote; dijo a Sancho:

-Éste es el prado donde topamos a las bizarras pastoras y gallardos