(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2016-03-25 ω
16203aun otros cuatro, sin sucederles cosa que estorbase su camino; y al quinto día, a la entrada de un lugar, hallaron a la 16204puerta de un mesón mucha gente, que, por ser fiesta, se estaba allí solazando. Cuando llegaba a ellos don Quijote, un 16205labrador alzó la voz diciendo:

-Alguno destos dos señores que aquí vienen, que no conocen las partes, dirá lo que se ha
16206de hacer en nuestra apuesta.

- diré, por cierto -respondió don Quijote-, con toda rectitud, si es que alcanzo a
16207entenderla.

Es, pues, el caso -dijo el labrador-, señor bueno, que un vecino deste lugar, tan gordo que pesa once
16208arrobas, desafió a correr a otro su vecino, que no pesa más que cinco. Fue la condición que habían de correr una carrera de 16209 cien pasos con pesos iguales; y, habiéndole preguntado al desafiador cómo se había de igualar el peso, dijo que el 16210desafiado, que pesa cinco arrobas, se pusiese seis de hierro a cuestas, y así se igualarían las once arrobas del flaco con 16211las once del gordo

-Eso no -dijo a esta sazón Sancho, antes que don Quijote respondiese-. Y a , que ha pocos días que
16212 salí de ser gobernador y juez, como todo el mundo sabe, toca averiguar estas dudas y dar parecer en todo pleito.

-
16213Responde en buen hora -dijo don Quijote-, Sancho amigo, que yo no estoy para dar migas a un gato, según traigo alborotado y 16214trastornado el juicio.

Con esta licencia, dijo Sancho a los labradores, que estaban muchos alrededor dél la boca abierta,
16215 esperando la sentencia de la suya:

-Hermanos, lo que el gordo pide no lleva camino, ni tiene sombra de justicia alguna;
16216porque si es verdad lo que se dice, que el desafiado puede escoger las armas, no es bien que éste las escoja tales que le 16217impidan ni estorben el salir vencedor; y así, es mi parecer que el gordo desafiador se escamonde, monde, entresaque, pula y 16218 atilde, y saque seis arrobas de sus carnes, de aquí o de allí de su cuerpo, como mejor le pareciere y estuviere; y desta 16219manera, quedando en cinco arrobas de peso, se igualará y ajustará con las cinco de su contrario, y así podrán correr 16220igualmente.

Voto a tal -dijo un labrador que escuchó la sentencia de Sancho- que este señor ha hablado como un bendito
16221y sentenciado como un canónigo! Pero a buen seguro que no ha de querer quitarse el gordo una onza de sus carnes, cuanto más 16222 seis arrobas.

-Lo mejor es que no corran -respondió otro-, porque el flaco no se muela con el peso, ni el gordo se
16223descarne; y échese la mitad de la apuesta en vino, y llevemos estos señores a la taberna de lo caro, y sobre la capa 16224cuando llueva.

-Yo, señores -respondió don Quijote-, os lo agradezco, pero no puedo detenerme un punto, porque
16225pensamientos y sucesos tristes me hacen parecer descortés y caminar más que de paso.

Y así, dando de las espuelas a
16226Rocinante, pasó adelante, dejándolos admirados de haber visto y notado así su estraña figura como la discreción de su 16227criado, que por tal juzgaron a Sancho. Y otro de los labradores dijo:

-Si el criado es tan discreto, ¡cuál debe de ser el
16228amo! Yo apostaré que si van a estudiar a Salamanca, que a un tris han de venir a ser alcaldes de corte; que todo es burla, 16229sino estudiar y más estudiar, y tener favor y ventura; y cuando menos se piensa el hombre, se halla con una vara en la mano 16230 o con una mitra en la cabeza.

Aquella noche la pasaron amo y mozo en mitad del campo, al cielo raso y descubierto; y