El Quijote
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15559 vamos a embarcarnos en cuatro galeras, que dicen están en Barcelona con orden de pasar a Sicilia; llevamos hasta docientos 15560 o trecientos escudos, con que, a nuestro parecer, vamos ricos y contentos, pues la estrecheza ordinaria de los soldados no 15561permite mayores tesoros.
Preguntó Roque a los peregrinos lo mesmo que a los capitanes; fuele respondido que iban a 15562embarcarse para pasar a Roma, y que entre entrambos podían llevar hasta sesenta reales. Quiso saber también quién iba en el 15563coche, y adónde, y el dinero que llevaban; y uno de los de a caballo dijo:
-Mi señora doña Guiomar de Quiñones, mujer del 15564 regente de la Vicaría de Nápoles, con una hija pequeña, una doncella y una dueña, son las que van en el coche; 15565acompañámosla seis criados, y los dineros son seiscientos escudos.
-De modo -dijo Roque Guinart-, que ya tenemos aquí 15566novecientos escudos y sesenta reales; mis soldados deben de ser hasta sesenta; mírese a cómo le cabe a cada uno, porque yo 15567soy mal contador.
Oyendo decir esto los salteadores, levantaron la voz, diciendo:
-¡Viva Roque Guinart muchos años, a 15568pesar de los lladres que su perdición procuran!
Mostraron afligirse los capitanes, entristecióse la señora regenta, y no 15569se holgaron nada los peregrinos, viendo la confiscación de sus bienes. Túvolos así un rato suspensos Roque, pero no quiso 15570que pasase adelante su tristeza, que ya se podía conocer a tiro de arcabuz, y, volviéndose a los capitanes, dijo:
- 15571Vuesas mercedes, señores capitanes, por cortesía, sean servidos de prestarme sesenta escudos, y la señora regenta ochenta, 15572para contentar esta escuadra que me acompaña, porque el abad, de lo que canta yanta, y luego puédense ir su camino libre y 15573desembarazadamente, con un salvoconduto que yo les daré, para que, si toparen otras de algunas escuadras mías que tengo 15574divididas por estos contornos, no les hagan daño; que no es mi intención de agraviar a soldados ni a mujer alguna, 15575especialmente a las que son principales.
Infinitas y bien dichas fueron las razones con que los capitanes agradecieron a 15576 Roque su cortesía y liberalidad, que, por tal la tuvieron, en dejarles su mismo dinero. La señora doña Guiomar de Quiñones 15577se quiso arrojar del coche para besar los pies y las manos del gran Roque, pero él no lo consintió en ninguna manera; antes 15578 le pidió perdón del agravio que le hacía, forzado de cumplir con las obligaciones precisas de su mal oficio. Mandó la 15579señora regenta a un criado suyo diese luego los ochenta escudos que le habían repartido, y ya los capitanes habían 15580desembolsado los sesenta. Iban los peregrinos a dar toda su miseria, pero Roque les dijo que se estuviesen quedos, y 15581volviéndose a los suyos, les dijo:
-Destos escudos dos tocan a cada uno, y sobran veinte: los diez se den a estos 15582peregrinos, y los otros diez a este buen escudero, porque pueda decir bien de esta aventura.
Y, trayéndole aderezo de 15583escribir, de que siempre andaba proveído, Roque les dio por escrito un salvoconduto para los mayorales de sus escuadras, y, 15584despidiéndose dellos, los dejó ir libres, y admirados de su nobleza, de su gallarda disposición y estraño proceder, 15585teniéndole más por un Alejandro Magno que por ladrón conocido. Uno de los escuderos dijo en su lengua gascona y catalana: 15586 -Este nuestro capitán más es para frade que para bandolero: si de aquí adelante quisiere mostrarse liberal séalo con su
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