El Quijote
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14692 Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar?
Entonces Sancho le miró con más 14693atención y comenzó a rafigurarle, y, finalmente, le vino a conocer de todo punto, y, sin apearse del jumento, le echó los 14694brazos al cuello, y le dijo:
-¿Quién diablos te había de conocer, Ricote, en ese traje de moharracho que traes? Dime: ¿ 14695quién te ha hecho franchote, y cómo tienes atrevimiento de volver a España, donde si te cogen y conocen tendrás harta mala 14696ventura?
-Si tú no me descubres, Sancho -respondió el peregrino-, seguro estoy que en este traje no habrá nadie que me 14697conozca; y apartémonos del camino a aquella alameda que allí parece, donde quieren comer y reposar mis compañeros, y allí 14698comerás con ellos, que son muy apacible gente. Yo tendré lugar de contarte lo que me ha sucedido después que me partí de 14699nuestro lugar, por obedecer el bando de Su Majestad, que con tanto rigor a los desdichados de mi nación amenazaba, según 14700oíste.
Hízolo así Sancho, y, hablando Ricote a los demás peregrinos, se apartaron a la alameda que se parecía, bien 14701desviados del camino real. Arrojaron los bordones, quitáronse las mucetas o esclavinas y quedaron en pelota, y todos ellos 14702eran mozos y muy gentileshombres, excepto Ricote, que ya era hombre entrado en años. Todos traían alforjas, y todas, según 14703pareció, venían bien proveídas, a lo menos, de cosas incitativas y que llaman a la sed de dos leguas.
Tendiéronse en el 14704suelo, y, haciendo manteles de las yerbas, pusieron sobre ellas pan, sal, cuchillos, nueces, rajas de queso, huesos mondos 14705de jamón, que si no se dejaban mascar, no defendían el ser chupados. Pusieron asimismo un manjar negro que dicen que se 14706llama cavial, y es hecho de huevos de pescados, gran despertador de la colambre. No faltaron aceitunas, aunque secas y sin 14707adobo alguno, pero sabrosas y entretenidas. Pero lo que más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino, 14708que cada uno sacó la suya de su alforja; hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o en tudesco, 14709 sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco.
Comenzaron a comer con grandísimo gusto y muy de espacio, 14710saboreándose con cada bocado, que le tomaban con la punta del cuchillo, y muy poquito de cada cosa, y luego, al punto, 14711todos a una, levantaron los brazos y las botas en el aire; puestas las bocas en su boca, clavados los ojos en el cielo, no 14712parecía sino que ponían en él la puntería; y desta manera, meneando las cabezas a un lado y a otro, señales que acreditaban 14713el gusto que recebían, se estuvieron un buen espacio, trasegando en sus estómagos las entrañas de las vasijas.
Todo lo 14714miraba Sancho, y de ninguna cosa se dolía; antes, por cumplir con el refrán, que él muy bien sabía, de "cuando a Roma fueres 14715, haz como vieres", pidió a Ricote la bota, y tomó su puntería como los demás, y no con menos gusto que ellos.
Cuatro 14716veces dieron lugar las botas para ser empinadas; pero la quinta no fue posible, porque ya estaban más enjutas y secas que un 14717 esparto, cosa que puso mustia la alegría que hasta allí habían mostrado. De cuando en cuando, juntaba alguno su mano 14718derecha con la de Sancho, y decía:
-Español y tudesqui, tuto uno: bon compaño.
Y Sancho respondía: Bon compaño, jura Di 14719!
Y disparaba con una risa que le duraba un hora, sin acordarse entonces de nada de lo que le había sucedido en su
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