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El Quijote
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α Día 2016-01-01 ω
13852blancas repulgadas y luengas, tanto, que la cubrían y enmantaban desde los pies a la cabeza. Entre los dedos de la mano 13853izquierda traía una media vela encendida, y con la derecha se hacía sombra, porque no le diese la luz en los ojos, a quien 13854cubrían unos muy grandes antojos. Venía pisando quedito, y movía los pies blandamente.

Miróla don Quijote desde su
13855atalaya, y cuando vio su adeliño y notó su silencio, pensó que alguna bruja o maga venía en aquel traje a hacer en él 13856alguna mala fechuría, y comenzó a santiguarse con mucha priesa. Fuese llegando la visión, y, cuando llegó a la mitad del 13857aposento, alzó los ojos y vio la priesa con que se estaba haciendo cruces don Quijote; y si él quedó medroso en ver tal 13858figura, ella quedó espantada en ver la suya, porque, así como le vio tan alto y tan amarillo, con la colcha y con las 13859vendas, que le desfiguraban, dio una gran voz, diciendo:

Jesús! ¿Qué es lo que veo?

Y con el sobresalto se le cayó la
13860 vela de las manos; y, viéndose a escuras, volvió las espaldas para irse, y con el miedo tropezó en sus faldas y dio 13861consigo una gran caída. Don Quijote, temeroso, comenzó a decir:

-Conjúrote, fantasma, o lo que eres, que me digas quién
13862eres, y que me digas qué es lo que de quieres. Si eres alma en pena, dímelo, que yo haré por ti todo cuanto mis fuerzas 13863alcanzaren, porque soy católico cristiano y amigo de hacer bien a todo el mundo; que para esto tomé la orden de la 13864caballería andante que profeso, cuyo ejercicio aun hasta hacer bien a las ánimas de purgatorio se estiende.

La brumada
13865dueña, que oyó conjurarse, por su temor coligió el de don Quijote, y con voz afligida y baja le respondió:

-Señor don
13866Quijote, si es que acaso vuestra merced es don Quijote, yo no soy fantasma, ni visión, ni alma de purgatorio, como vuestra 13867merced debe de haber pensado, sino doña Rodríguez, la dueña de honor de mi señora la duquesa, que, con una necesidad de 13868aquellas que vuestra merced suele remediar, a vuestra merced vengo.

-Dígame, señora doña Rodríguez -dijo don Quijote-: ¿
13869por ventura viene vuestra merced a hacer alguna tercería? Porque le hago saber que no soy de provecho para nadie, merced a 13870la sin par belleza de mi señora Dulcinea del Toboso. Digo, en fin, señora doña Rodríguez, que, como vuestra merced salve y 13871deje a una parte todo recado amoroso, puede volver a encender su vela, y vuelva, y departiremos de todo lo que más mandare y 13872 más en gusto le viniere, salvando, como digo, todo incitativo melindre.

-¿Yo recado de nadie, señor mío? -respondió la
13873dueña-. Mal me conoce vuestra merced; , que aún no estoy en edad tan prolongada que me acoja a semejantes niñerías, pues, 13874 Dios loado, mi alma me tengo en las carnes, y todos mis dientes y muelas en la boca, amén de unos pocos que me han 13875usurpado unos catarros, que en esta tierra de Aragón son tan ordinarios. Pero espéreme vuestra merced un poco; saldré a 13876encender mi vela, y volveré en un instante a contar mis cuitas, como a remediador de todas las del mundo.

Y, sin esperar
13877 respuesta, se salió del aposento, donde quedó don Quijote sosegado y pensativo esperándola; pero luego le sobrevinieron mil 13878 pensamientos acerca de aquella nueva aventura, y parecíale ser mal hecho y peor pensado ponerse en peligro de romper a su 13879señora la fee prometida, y decíase a mismo:

-¿Quién sabe si el diablo, que es sutil y mañoso, querrá engañarme agora