El Quijote
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13768señor don Quijote de la Mancha, porque vea que soy pan agradecido; y vos, como buen secretario y como buen vizcaíno, podéis 13769 añadir todo lo que quisiéredes y más viniere a cuento. Y álcense estos manteles, y denme a mí de comer, que yo me avendré 13770con cuantas espías y matadores y encantadores vinieren sobre mí y sobre mi ínsula.
En esto entró un paje, y dijo:
- 13771Aquí está un labrador negociante que quiere hablar a Vuestra Señoría en un negocio, según él dice, de mucha importancia.
13772-Estraño caso es éste -dijo Sancho- destos negociantes. ¿Es posible que sean tan necios, que no echen de ver que semejantes 13773horas como éstas no son en las que han de venir a negociar? ¿Por ventura los que gobernamos, los que somos jueces, no somos 13774 hombres de carne y de hueso, y que es menester que nos dejen descansar el tiempo que la necesidad pide, sino que quieren 13775que seamos hechos de piedra marmol? Por Dios y en mi conciencia que si me dura el gobierno (que no durará, según se me 13776trasluce), que yo ponga en pretina a más de un negociante. Agora decid a ese buen hombre que entre; pero adviértase primero 13777 no sea alguno de los espías, o matador mío.
-No, señor -respondió el paje-, porque parece una alma de cántaro, y yo sé 13778poco, o él es tan bueno como el buen pan.
-No hay que temer -dijo el mayordomo-, que aquí estamos todos.
-¿Sería 13779posible -dijo Sancho-, maestresala, que agora que no está aquí el doctor Pedro Recio, que comiese yo alguna cosa de peso y 13780de sustancia, aunque fuese un pedazo de pan y una cebolla?
-Esta noche, a la cena, se satisfará la falta de la comida, y 13781quedará Vuestra Señoría satisfecho y pagado -dijo el maestresala.
-Dios lo haga -respondió Sancho.
Y, en esto, entró 13782el labrador, que era de muy buena presencia, y de mil leguas se le echaba de ver que era bueno y buena alma. Lo primero que 13783dijo fue:
-¿Quién es aquí el señor gobernador?
-¿Quién ha de ser -respondió el secretario-, sino el que está sentado 13784en la silla?
-Humíllome, pues, a su presencia -dijo el labrador.
Y, poniéndose de rodillas, le pidió la mano para 13785besársela. Negósela Sancho, y mandó que se levantase y dijese lo que quisiese. Hízolo así el labrador, y luego dijo:
-Yo 13786, señor, soy labrador, natural de Miguel Turra, un lugar que está dos leguas de Ciudad Real.
-¡Otro Tirteafuera tenemos! 13787-dijo Sancho-. Decid, hermano, que lo que yo os sé decir es que sé muy bien a Miguel Turra, y que no está muy lejos de mi 13788pueblo.
-Es, pues, el caso, señor -prosiguió el labrador-, que yo, por la misericordia de Dios, soy casado en paz y en 13789haz de la Santa Iglesia Católica Romana; tengo dos hijos estudiantes que el menor estudia para bachiller y el mayor para 13790licenciado; soy viudo, porque se murió mi mujer, o, por mejor decir, me la mató un mal médico, que la purgó estando preñada, 13791 y si Dios fuera servido que saliera a luz el parto, y fuera hijo, yo le pusiere a estudiar para doctor, porque no tuviera 13792invidia a sus hermanos el bachiller y el licenciado.
-De modo -dijo Sancho- que si vuestra mujer no se hubiera muerto, o 13793la hubieran muerto, vos no fuérades agora viudo.
-No, señor, en ninguna manera -respondió el labrador.
-¡Medrados 13794estamos! -replicó Sancho-. Adelante, hermano, que es hora de dormir más que de negociar.
-Digo, pues -dijo el labrador-, 13795que este mi hijo que ha de ser bachiller se enamoró en el mesmo pueblo de una doncella llamada Clara Perlerina, hija de
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