(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-11-30 ω
12956porque él me significó que la señal que me daría por donde yo entendiese que había hallado el caballero que buscaba, sería 12957enviarme el caballo, donde fuese con comodidad y presteza.

-Y ¿cuántos caben en ese caballo? -preguntó Sancho.

La
12958Dolorida respondió:

-Dos personas: la una en la silla y la otra en las ancas; y, por la mayor parte, estas tales dos
12959personas son caballero y escudero, cuando falta alguna robada doncella.

-Querría yo saber, señora Dolorida -dijo Sancho-,
12960 qué nombre tiene ese caballo.

-El nombre -respondió la Dolorida- no es como el caballo de Belorofonte, que se llamaba
12961Pegaso, ni como el del Magno Alejandro, llamado Bucéfalo, ni como el del furioso Orlando, cuyo nombre fue Brilladoro, ni 12962menos Bayarte, que fue el de Reinaldos de Montalbán, ni Frontino, como el de Rugero, ni Bootes ni Peritoa, como dicen que 12963se llaman los del Sol, ni tampoco se llama Orelia, como el caballo en que el desdichado Rodrigo, último rey de los godos, 12964entró en la batalla donde perdió la vida y el reino.

-Yo apostaré -dijo Sancho- que, pues no le han dado ninguno desos
12965famosos nombres de caballos tan conocidos, que tampoco le habrán dado el de mi amo, Rocinante, que en ser propio excede a 12966todos los que se han nombrado.

-Así es -respondió la barbada condesa-, pero todavía le cuadra mucho, porque se llama
12967Clavileño el Alígero, cuyo nombre conviene con el ser de leño, y con la clavija que trae en la frente, y con la ligereza con 12968 que camina; y así, en cuanto al nombre, bien puede competir con el famoso Rocinante.

-No me descontenta el nombre -
12969replicó Sancho-, pero ¿con qué freno o con qué jáquima se gobierna?

-Ya he dicho -respondió la Trifaldi- que con la
12970clavija, que, volviéndola a una parte o a otra, el caballero que va encima le hace caminar como quiere, o ya por los aires, 12971 o ya rastreando y casi barriendo la tierra, o por el medio, que es el que se busca y se ha de tener en todas las acciones 12972bien ordenadas.

-Ya lo querría ver -respondió Sancho-, pero pensar que tengo de subir en él, ni en la silla ni en las
12973ancas, es pedir peras al olmo. ¡Bueno es que apenas puedo tenerme en mi rucio, y sobre un albarda más blanda que la mesma 12974seda, y querrían ahora que me tuviese en unas ancas de tabla, sin cojín ni almohada alguna! Pardiez, yo no me pienso moler 12975por quitar las barbas a nadie: cada cual se rape como más le viniere a cuento, que yo no pienso acompañar a mi señor en tan 12976 largo viaje. Cuanto más, que yo no debo de hacer al caso para el rapamiento destas barbas como lo soy para el desencanto 12977de mi señora Dulcinea.

- sois, amigo -respondió la Trifaldi-, y tanto, que, sin vuestra presencia, entiendo que no
12978haremos nada.

Aquí del rey! -dijo Sancho-: ¿qué tienen que ver los escuderos con las aventuras de sus señores? ¿Hanse
12979de llevar ellos la fama de las que acaban, y hemos de llevar nosotros el trabajo? ¡Cuerpo de ! Aun si dijesen los 12980historiadores: "El tal caballero acabó la tal y tal aventura, pero con ayuda de fulano, su escudero, sin el cual fuera 12981imposible el acabarla". Pero, ¡que escriban a secas: "Don Paralipomenón de las Tres Estrellas acabó la aventura de los seis 12982 vestiglos", sin nombrar la persona de su escudero, que se halló presente a todo, como si no fuera en el mundo! Ahora, 12983señores, vuelvo a decir que mi señor se puede ir solo, y buen provecho le haga, que yo me quedaré aquí, en compañía de la