El Quijote
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12228mostraba ser de fregar; seguíale y perseguíale el de la artesa, y procuraba con toda solicitud ponérsela y encajársela 12229debajo de las barbas, y otro pícaro mostraba querérselas lavar.
-¿Qué es esto, hermanos? -preguntó la duquesa-. ¿Qué es 12230esto? ¿Qué queréis a ese buen hombre? ¿Cómo y no consideráis que está electo gobernador?
A lo que respondió el pícaro 12231barbero:
-No quiere este señor dejarse lavar, como es usanza, y como se la lavó el duque mi señor y el señor su amo.
- 12232Sí quiero -respondió Sancho con mucha cólera-, pero querría que fuese con toallas más limpias, con lejía mas clara y con 12233manos no tan sucias; que no hay tanta diferencia de mí a mi amo, que a él le laven con agua de ángeles y a mí con lejía de 12234diablos. Las usanzas de las tierras y de los palacios de los príncipes tanto son buenas cuanto no dan pesadumbre, pero la 12235costumbre del lavatorio que aquí se usa peor es que de diciplinantes. Yo estoy limpio de barbas y no tengo necesidad de 12236semejantes refrigerios; y el que se llegare a lavarme ni a tocarme a un pelo de la cabeza, digo, de mi barba, hablando con 12237el debido acatamiento, le daré tal puñada que le deje el puño engastado en los cascos; que estas tales ceremonias y 12238jabonaduras más parecen burlas que gasajos de huéspedes.
Perecida de risa estaba la duquesa, viendo la cólera y oyendo 12239las razones de Sancho, pero no dio mucho gusto a don Quijote verle tan mal adeliñado con la jaspeada toalla, y tan rodeado 12240de tantos entretenidos de cocina; y así, haciendo una profunda reverencia a los duques, como que les pedía licencia para 12241hablar, con voz reposada dijo a la canalla:
-¡Hola, señores caballeros! Vuesas mercedes dejen al mancebo, y vuélvanse por 12242 donde vinieron, o por otra parte si se les antojare, que mi escudero es limpio tanto como otro, y esas artesillas son para 12243él estrechas y penantes búcaros. Tomen mi consejo y déjenle, porque ni él ni yo sabemos de achaque de burlas.
Cogióle la 12244 razón de la boca Sancho, y prosiguió diciendo:
-¡No, sino lléguense a hacer burla del mostrenco, que así lo sufriré como 12245ahora es de noche! Traigan aquí un peine, o lo que quisieren, y almohácenme estas barbas, y si sacaren dellas cosa que 12246ofenda a la limpieza, que me trasquilen a cruces.
A esta sazón, sin dejar la risa, dijo la duquesa:
-Sancho Panza 12247tiene razón en todo cuanto ha dicho, y la tendrá en todo cuanto dijere: él es limpio, y, como él dice, no tiene necesidad de 12248 lavarse; y si nuestra usanza no le contenta, su alma en su palma, cuanto más, que vosotros, ministros de la limpieza, 12249habéis andado demasiadamente de remisos y descuidados, y no sé si diga atrevidos, a traer a tal personaje y a tales barbas, 12250 en lugar de fuentes y aguamaniles de oro puro y de alemanas toallas, artesillas y dornajos de palo y rodillas de 12251aparadores. Pero, en fin, sois malos y mal nacidos, y no podéis dejar, como malandrines que sois, de mostrar la ojeriza que 12252tenéis con los escuderos de los andantes caballeros.
Creyeron los apicarados ministros, y aun el maestresala, que venía 12253con ellos, que la duquesa hablaba de veras; y así, quitaron el cernadero del pecho de Sancho, y todos confusos y casi 12254corridos se fueron y le dejaron; el cual, viéndose fuera de aquel, a su parecer, sumo peligro, se fue a hincar de rodillas 12255ante la duquesa y dijo:
-De grandes señoras, grandes mercedes se esperan; esta que la vuestra merced hoy me ha fecho no
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