El Quijote
en 17000 tuits
11976contaré un cuento que pasó en mi pueblo acerca desto de los asientos.
Apenas hubo dicho esto Sancho, cuando don Quijote 11977tembló, creyendo sin duda alguna que había de decir alguna necedad. Miróle Sancho y entendióle, y dijo:
-No tema vuesa 11978merced, señor mío, que yo me desmande, ni que diga cosa que no venga muy a pelo, que no se me han olvidado los consejos que 11979poco ha vuesa merced me dio sobre el hablar mucho o poco, o bien o mal.
-Yo no me acuerdo de nada, Sancho -respondió don 11980Quijote-; di lo que quisieres, como lo digas presto.
-Pues lo que quiero decir -dijo Sancho- es tan verdad, que mi señor 11981don Quijote, que está presente, no me dejará mentir.
-Por mí -replicó don Quijote-, miente tú, Sancho, cuanto quisieres, 11982que yo no te iré a la mano, pero mira lo que vas a decir.
-Tan mirado y remirado lo tengo, que a buen salvo está el que 11983repica, como se verá por la obra.
-Bien será -dijo don Quijote- que vuestras grandezas manden echar de aquí a este tonto 11984, que dirá mil patochadas.
-Por vida del duque -dijo la duquesa-, que no se ha de apartar de mí Sancho un punto: quiérole 11985 yo mucho, porque sé que es muy discreto.
-Discretos días -dijo Sancho- viva vuestra santidad por el buen crédito que de 11986mí tiene, aunque en mí no lo haya. Y el cuento que quiero decir es éste: «Convidó un hidalgo de mi pueblo, muy rico y 11987principal, porque venía de los Álamos de Medina del Campo, que casó con doña Mencía de Quiñones, que fue hija de don Alonso 11988 de Marañón, caballero del hábito de Santiago, que se ahogó en la Herradura, por quien hubo aquella pendencia años ha en 11989nuestro lugar, que, a lo que entiendo, mi señor don Quijote se halló en ella, de donde salió herido Tomasillo el Travieso, 11990el hijo de Balbastro el herrero...» ¿No es verdad todo esto, señor nuestro amo? Dígalo, por su vida, porque estos señores 11991no me tengan por algún hablador mentiroso.
-Hasta ahora -dijo el eclesiástico-, más os tengo por hablador que por 11992mentiroso, pero de aquí adelante no sé por lo que os tendré.
-Tú das tantos testigos, Sancho, y tantas señas, que no puedo 11993 dejar de decir que debes de decir verdad. Pasa adelante y acorta el cuento, porque llevas camino de no acabar en dos días. 11994
-No ha de acortar tal -dijo la duquesa-, por hacerme a mí placer; antes, le ha de contar de la manera que le sabe, 11995aunque no le acabe en seis días; que si tantos fuesen, serían para mí los mejores que hubiese llevado en mi vida.
-«Digo 11996, pues, señores míos -prosiguió Sancho-, que este tal hidalgo, que yo conozco como a mis manos, porque no hay de mi casa a 11997la suya un tiro de ballesta, convidó un labrador pobre, pero honrado.»
-Adelante, hermano -dijo a esta sazón el religioso 11998-, que camino lleváis de no parar con vuestro cuento hasta el otro mundo.
-A menos de la mitad pararé, si Dios fuere 11999servido -respondió Sancho-. «Y así, digo que, llegando el tal labrador a casa del dicho hidalgo convidador, que buen poso 12000haya su ánima, que ya es muerto, y por más señas dicen que hizo una muerte de un ángel, que yo no me hallé presente, que 12001había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque...»
-Por vida vuestra, hijo, que volváis presto de Tembleque, y que, sin 12002enterrar al hidalgo, si no queréis hacer más exequias, acabéis vuestro cuento.
-«Es, pues, el caso -replicó Sancho- que, 12003estando los dos para asentarse a la mesa, que parece que ahora los veo más que nunca...»
Gran gusto recebían los duques
▼