(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
en 17000 tuits
α Día 2015-10-17 ω
11722 le deparan un barco donde se entre, y en menos de un abrir y cerrar de ojos le llevan, o por los aires, o por la mar, 11723donde quieren y adonde es menester su ayuda; así que, ¡oh Sancho!, este barco está puesto aquí para el mesmo efecto; y esto 11724es tan verdad como es ahora de día; y antes que éste se pase, ata juntos al rucio y a Rocinante, y a la mano de Dios, que 11725nos guíe, que no dejaré de embarcarme si me lo pidiesen frailes descalzos.

-Pues así es -respondió Sancho-, y vuestra
11726merced quiere dar a cada paso en estos que no si los llame disparates, no hay sino obedecer y bajar la cabeza, 11727atendiendo al refrán "haz lo que tu amo te manda, y siéntate con él a la mesa"; pero, con todo esto, por lo que toca al 11728descargo de mi conciencia, quiero advertir a vuestra merced que a me parece que este tal barco no es de los encantados, 11729sino de algunos pescadores deste río, porque en él se pescan las mejores sabogas del mundo.

Esto decía, mientras ataba
11730las bestias, Sancho, dejándolas a la proteción y amparo de los encantadores, con harto dolor de su ánima. Don Quijote le 11731dijo que no tuviese pena del desamparo de aquellos animales, que el que los llevaría a ellos por tan longincuos caminos y 11732regiones tendría cuenta de sustentarlos.

-No entiendo eso de logicuos -dijo Sancho-, ni he oído tal vocablo en todos los
11733 días de mi vida.

-Longincuos -respondió don Quijote- quiere decir apartados; y no es maravilla que no lo entiendas, que
11734no estás obligado a saber latín, como algunos que presumen que lo saben, y lo ignoran.

-Ya están atados -replicó
11735Sancho-. ¿Qué hemos de hacer ahora?

-¿Qué? -respondió don Quijote-. Santiguarnos y levar ferro; quiero decir, embarcarnos
11736 y cortar la amarra con que este barco está atado.

Y, dando un salto en él, siguiéndole Sancho, cortó el cordel, y el
11737barco se fue apartando poco a poco de la ribera; y cuando Sancho se vio obra de dos varas dentro del río, comenzó a temblar 11738, temiendo su perdición; pero ninguna cosa le dio más pena que el oír roznar al rucio y el ver que Rocinante pugnaba por 11739desatarse, y díjole a su señor:

-El rucio rebuzna, condolido de nuestra ausencia, y Rocinante procura ponerse en libertad
11740 para arrojarse tras nosotros. ¡Oh carísimos amigos, quedaos en paz, y la locura que nos aparta de vosotros, convertida en 11741desengaño, nos vuelva a vuestra presencia!

Y, en esto, comenzó a llorar tan amargamente que don Quijote, mohíno y
11742colérico, le dijo:

-¿De qué temes, cobarde criatura? ¿De qué lloras, corazón de mantequillas? ¿Quién te persigue, o quién
11743 te acosa, ánimo de ratón casero, o qué te falta, menesteroso en la mitad de las entrañas de la abundancia? ¿Por dicha vas 11744caminando a pie y descalzo por las montañas rifeas, sino sentado en una tabla, como un archiduque, por el sesgo curso deste 11745agradable río, de donde en breve espacio saldremos al mar dilatado? Pero ya habemos de haber salido, y caminado, por lo 11746menos, setecientas o ochocientas leguas; y si yo tuviera aquí un astrolabio con que tomar la altura del polo, yo te dijera 11747las que hemos caminado; aunque, o yo poco, o ya hemos pasado, o pasaremos presto, por la línea equinocial, que divide y 11748corta los dos contrapuestos polos en igual distancia.

-Y cuando lleguemos a esa leña que vuestra merced dice -preguntó
11749Sancho-, ¿cuánto habremos caminado?

-Mucho -replicó don Quijote-, porque de trecientos y sesenta grados que contiene el