(c) 2014-15 Diego Buendía
El Quijote
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α Día 2015-10-13 ω
11609malparado a Sancho, arremetió al que le había dado, con la lanza sobre mano, pero fueron tantos los que se pusieron en 11610medio, que no fue posible vengarle; antes, viendo que llovía sobre él un nublado de piedras, y que le amenazaban mil 11611encaradas ballestas y no menos cantidad de arcabuces, volvió las riendas a Rocinante, y a todo lo que su galope pudo, se 11612salió de entre ellos, encomendándose de todo corazón a Dios, que de aquel peligro le librase, temiendo a cada paso no le 11613entrase alguna bala por las espaldas y le saliese al pecho; y a cada punto recogía el aliento, por ver si le faltaba.

11614Pero los del escuadrón se contentaron con verle huir, sin tirarle. A Sancho le pusieron sobre su jumento, apenas vuelto en 11615, y le dejaron ir tras su amo, no porque él tuviese sentido para regirle; pero el rucio siguió las huellas de Rocinante, 11616sin el cual no se hallaba un punto. Alongado, pues, don Quijote buen trecho, volvió la cabeza y vio que Sancho venía, y 11617atendióle, viendo que ninguno le seguía.

Los del escuadrón se estuvieron allí hasta la noche, y, por no haber salido a la
11618 batalla sus contrarios, se volvieron a su pueblo, regocijados y alegres; y si ellos supieran la costumbre antigua de los 11619griegos, levantaran en aquel lugar y sitio un trofeo.





Capítulo XXVIII. De cosas que dice Benengeli que las sabrá
11620quien le leyere, si las lee con atención

Cuando el valiente huye, la superchería está descubierta, y es de varones
11621prudentes guardarse para mejor ocasión. Esta verdad se verificó en don Quijote, el cual, dando lugar a la furia del pueblo y 11622 a las malas intenciones de aquel indignado escuadrón, puso pies en polvorosa, y, sin acordarse de Sancho ni del peligro en 11623 que le dejaba, se apartó tanto cuanto le pareció que bastaba para estar seguro. Seguíale Sancho, atravesado en su jumento, 11624 como queda referido. Llegó, en fin, ya vuelto en su acuerdo, y al llegar, se dejó caer del rucio a los pies de Rocinante, 11625todo ansioso, todo molido y todo apaleado. Apeóse don Quijote para catarle las feridas; pero, como le hallase sano de los 11626pies a la cabeza, con asaz cólera le dijo:

Tan en hora mala supistes vos rebuznar, Sancho! Y ¿dónde hallastes vos ser
11627bueno el nombrar la soga en casa del ahorcado? A música de rebuznos, ¿qué contrapunto se había de llevar sino de varapalos? 11628Y dad gracias a Dios, Sancho, que ya que os santiguaron con un palo, no os hicieron el per signum crucis con un alfanje. 11629-No estoy para responder -respondió Sancho-, porque me parece que hablo por las espaldas. Subamos y apartémonos de aquí, 11630que yo pondré silencio en mis rebuznos, pero no en dejar de decir que los caballeros andantes huyen, y dejan a sus buenos 11631escuderos molidos como alheña, o como cibera, en poder de sus enemigos.

-No huye el que se retira -respondió don Quijote-
11632, porque has de saber, Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se llama temeridad, y las 11633hazañas del temerario más se atribuyen a la buena fortuna que a su ánimo. Y así, yo confieso que me he retirado, pero no 11634huido; y en esto he imitado a muchos valientes, que se han guardado para tiempos mejores, y desto están las historias llenas 11635, las cuales, por no serte a ti de provecho ni a de gusto, no te las refiero ahora.

En esto, ya estaba a caballo
11636Sancho, ayudado de don Quijote, el cual asimismo subió en Rocinante, y poco a poco se fueron a emboscar en una alameda que