El Quijote
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11142mesmo camino, allí me hallaréis, donde os contaré maravillas. Y a Dios otra vez.
Y de tal manera aguijó el macho, que no 11143tuvo lugar don Quijote de preguntarle qué maravillas eran las que pensaba decirles; y, como él era algo curioso y siempre 11144le fatigaban deseos de saber cosas nuevas, ordenó que al momento se partiesen y fuesen a pasar la noche en la venta, sin 11145tocar en la ermita, donde quisiera el primo que se quedaran.
Hízose así, subieron a caballo, y siguieron todos tres el 11146derecho camino de la venta, a la cual llegaron un poco antes de anochecer. Dijo el primo a don Quijote que llegasen a ella 11147a beber un trago. Apenas oyó esto Sancho Panza, cuando encaminó el rucio a la ermita, y lo mismo hicieron don Quijote y el 11148primo; pero la mala suerte de Sancho parece que ordenó que el ermitaño no estuviese en casa; que así se lo dijo una 11149sotaermitaño que en la ermita hallaron. Pidiéronle de lo caro; respondió que su señor no lo tenía, pero que si querían agua 11150 barata, que se la daría de muy buena gana.
-Si yo la tuviera de agua -respondió Sancho-, pozos hay en el camino, donde 11151la hubiera satisfecho. ¡Ah bodas de Camacho y abundancia de la casa de don Diego, y cuántas veces os tengo de echar menos! 11152 Con esto, dejaron la ermita y picaron hacia la venta; y a poco trecho toparon un mancebito, que delante dellos iba 11153caminando no con mucha priesa; y así, le alcanzaron. Llevaba la espada sobre el hombro, y en ella puesto un bulto o 11154envoltorio, al parecer de sus vestidos; que, al parecer, debían de ser los calzones o greguescos, y herreruelo, y alguna 11155camisa, porque traía puesta una ropilla de terciopelo con algunas vislumbres de raso, y la camisa, de fuera; las medias 11156eran de seda, y los zapatos cuadrados, a uso de corte; la edad llegaría a diez y ocho o diez y nueve años; alegre de rostro 11157, y, al parecer, ágil de su persona. Iba cantando seguidillas, para entretener el trabajo del camino. Cuando llegaron a él, 11158acababa de cantar una, que el primo tomó de memoria, que dicen que decía:
A la guerra me lleva
mi necesidad;
si 11159tuviera dineros,
no fuera, en verdad.
El primero que le habló fue don Quijote, diciéndole:
-Muy a la ligera camina 11160vuesa merced, señor galán. Y ¿adónde bueno? Sepamos, si es que gusta decirlo.
A lo que el mozo respondió:
-El caminar 11161tan a la ligera lo causa el calor y la pobreza, y el adónde voy es a la guerra.
-¿Cómo la pobreza? -preguntó don Quijote- 11162; que por el calor bien puede ser.
-Señor -replicó el mancebo-, yo llevo en este envoltorio unos greguescos de terciopelo 11163, compañeros desta ropilla; si los gasto en el camino, no me podré honrar con ellos en la ciudad, y no tengo con qué comprar 11164 otros; y, así por esto como por orearme, voy desta manera, hasta alcanzar unas compañías de infantería que no están doce 11165leguas de aquí, donde asentaré mi plaza, y no faltarán bagajes en que caminar de allí adelante hasta el embarcadero, que 11166dicen ha de ser en Cartagena. Y más quiero tener por amo y por señor al rey, y servirle en la guerra, que no a un pelón en 11167la corte.
-Y ¿lleva vuesa merced alguna ventaja por ventura? -preguntó el primo.
-Si yo hubiera servido a algún grande 11168de España, o algún principal personaje -respondió el mozo-, a buen seguro que yo la llevara, que eso tiene el servir a los 11169buenos: que del tinelo suelen salir a ser alférez o capitanes, o con algún buen entretenimiento; pero yo, desventurado,
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