El Quijote
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10861abismos.
-Tienes razón, amigo -dijo el primo.
Y dijo don Quijote:
-Esa pregunta y respuesta no es tuya, Sancho: a 10862alguno las has oído decir.
-Calle, señor -replicó Sancho-, que a buena fe que si me doy a preguntar y a responder, que no 10863 acabe de aquí a mañana. Sí, que para preguntar necedades y responder disparates no he menester yo andar buscando ayuda de 10864vecinos.
-Más has dicho, Sancho, de lo que sabes -dijo don Quijote-; que hay algunos que se cansan en saber y averiguar 10865cosas que, después de sabidas y averiguadas, no importan un ardite al entendimiento ni a la memoria.
En estas y otras 10866gustosas pláticas se les pasó aquel día, y a la noche se albergaron en una pequeña aldea, adonde el primo dijo a don Quijote 10867 que desde allí a la cueva de Montesinos no había más de dos leguas, y que si llevaba determinado de entrar en ella, era 10868menester proverse de sogas, para atarse y descolgarse en su profundidad.
Don Quijote dijo que, aunque llegase al abismo, 10869había de ver dónde paraba; y así, compraron casi cien brazas de soga, y otro día, a las dos de la tarde, llegaron a la 10870cueva, cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahígos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas 10871, que de todo en todo la ciegan y encubren. En viéndola, se apearon el primo, Sancho y don Quijote, al cual los dos le 10872ataron luego fortísimamente con las sogas; y, en tanto que le fajaban y ceñían, le dijo Sancho:
-Mire vuestra merced, 10873señor mío, lo que hace: no se quiera sepultar en vida, ni se ponga adonde parezca frasco que le ponen a enfriar en algún 10874pozo. Sí, que a vuestra merced no le toca ni atañe ser el escudriñador desta que debe de ser peor que mazmorra.
-Ata y 10875calla -respondió don Quijote-, que tal empresa como aquésta, Sancho amigo, para mí estaba guardada.
Y entonces dijo la 10876guía:
-Suplico a vuesa merced, señor don Quijote, que mire bien y especule con cien ojos lo que hay allá dentro: quizá 10877habrá cosas que las ponga yo en el libro de mis Transformaciones.
-En manos está el pandero que le sabrá bien tañer - 10878respondió Sancho Panza.
Dicho esto y acabada la ligadura de don Quijote -que no fue sobre el arnés, sino sobre el jubón 10879de armar-, dijo don Quijote:
-Inadvertidos hemos andado en no habernos proveído de algún esquilón pequeño, que fuera 10880atado junto a mí en esta mesma soga, con cuyo sonido se entendiera que todavía bajaba y estaba vivo; pero, pues ya no es 10881posible, a la mano de Dios, que me guíe.
Y luego se hincó de rodillas y hizo una oración en voz baja al cielo, pidiendo 10882a Dios le ayudase y le diese buen suceso en aquella, al parecer, peligrosa y nueva aventura, y en voz alta dijo luego:
-¡ 10883Oh señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del Toboso! Si es posible que lleguen a tus oídos las 10884plegarias y rogaciones deste tu venturoso amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches, que no son otras que 10885rogarte no me niegues tu favor y amparo, ahora que tanto le he menester. Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el 10886 abismo que aquí se me representa, sólo porque conozca el mundo que si tú me favoreces, no habrá imposible a quien yo no 10887acometa y acabe.
Y, en diciendo esto, se acercó a la sima; vio no ser posible descolgarse, ni hacer lugar a la entrada, 10888si no era a fuerza de brazos, o a cuchilladas, y así, poniendo mano a la espada, comenzó a derribar y a cortar de aquellas
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