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El Quijote
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α Día 2015-09-09 ω
10665pie pisaba las altas torres de los reyes como las humildes chozas de los pobres. Tiene esta señora más de poder que de 10666melindre: no es nada asquerosa, de todo come y a todo hace, y de toda suerte de gentes, edades y preeminencias hinche sus 10667alforjas. No es segador que duerme las siestas, que a todas horas siega, y corta así la seca como la verde yerba; y no 10668parece que masca, sino que engulle y traga cuanto se le pone delante, porque tiene hambre canina, que nunca se harta; y, 10669aunque no tiene barriga, da a entender que está hidrópica y sedienta de beber solas las vidas de cuantos viven, como quien 10670se bebe un jarro de agua fría.

-No más, Sancho -dijo a este punto don Quijote-. Tente en buenas, y no te dejes caer; que
10671 en verdad que lo que has dicho de la muerte por tus rústicos términos es lo que pudiera decir un buen predicador. Dígote, 10672Sancho que si como tienes buen natural y discreción, pudieras tomar un púlpito en la mano y irte por ese mundo predicando 10673lindezas...

-Bien predica quien bien vive -respondió Sancho-, y yo no otras tologías.

-Ni las has menester -dijo
10674don Quijote-; pero yo no acabo de entender ni alcanzar cómo, siendo el principio de la sabiduría el temor de Dios, , que 10675temes más a un lagarto que a Él, sabes tanto.

-Juzgue vuesa merced, señor, de sus caballerías -respondió Sancho-, y no se
10676meta en juzgar de los temores o valentías ajenas, que tan gentil temeroso soy yo de Dios como cada hijo de vecino; y déjeme 10677 vuestra merced despabilar esta espuma, que lo demás todas son palabras ociosas, de que nos han de pedir cuenta en la otra 10678vida.

Y, diciendo esto, comenzó de nuevo a dar asalto a su caldero, con tan buenos alientos que despertó los de don
10679Quijote, y sin duda le ayudara, si no lo impidiera lo que es fuerza se diga adelante.





Capítulo XXI. Donde se
10680prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos sucesos

Cuando estaban don Quijote y Sancho en las razones referidas
10681 en el capítulo antecedente, se oyeron grandes voces y gran ruido, y dábanlas y causábanle los de las yeguas, que con larga 10682 carrera y grita iban a recebir a los novios, que, rodeados de mil géneros de instrumentos y de invenciones, venían 10683acompañados del cura, y de la parentela de entrambos, y de toda la gente más lucida de los lugares circunvecinos, todos 10684vestidos de fiesta. Y como Sancho vio a la novia, dijo:

-A buena fe que no viene vestida de labradora, sino de garrida
10685palaciega. ¡Pardiez, que según diviso, que las patenas que había de traer son ricos corales, y la palmilla verde de Cuenca 10686es terciopelo de treinta pelos! ¡Y montas que la guarnición es de tiras de lienzo, blanca!, ¡voto a que es de raso!; 10687pues, ¡tomadme las manos, adornadas con sortijas de azabache!: no medre yo si no son anillos de oro, y muy de oro, y 10688empedrados con pelras blancas como una cuajada, que cada una debe de valer un ojo de la cara. ¡Oh hideputa, y qué cabellos; 10689 que, si no son postizos, no los he visto mas luengos ni más rubios en toda mi vida! ¡No, sino ponedla tacha en el brío y 10690en el talle, y no la comparéis a una palma que se mueve cargada de racimos de dátiles, que lo mesmo parecen los dijes que 10691trae pendientes de los cabellos y de la garganta! Juro en mi ánima que ella es una chapada moza, y que puede pasar por los 10692bancos de Flandes.

Rióse don Quijote de las rústicas alabanzas de Sancho Panza; parecióle que, fuera de su señora