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El Quijote
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α Día 2015-09-03 ω
10497destreza.

-Ahora se verá -respondió Corchuelo.

Y, apeándose con gran presteza de su jumento, tiró con furia de una de
10498las espadas que llevaba el licenciado en el suyo.

-No ha de ser así -dijo a este instante don Quijote-, que yo quiero ser
10499 el maestro desta esgrima, y el juez desta muchas veces no averiguada cuestión.

Y, apeándose de Rocinante y asiendo de su
10500 lanza, se puso en la mitad del camino, a tiempo que ya el licenciado, con gentil donaire de cuerpo y compás de pies, se 10501iba contra Corchuelo, que contra él se vino, lanzando, como decirse suele, fuego por los ojos. Los otros dos labradores del 10502acompañamiento, sin apearse de sus pollinas, sirvieron de aspetatores en la mortal tragedia. Las cuchilladas, estocadas, 10503altibajos, reveses y mandobles que tiraba Corchuelo eran sin número, más espesas que hígado y más menudas que granizo. 10504Arremetía como un león irritado, pero salíale al encuentro un tapaboca de la zapatilla de la espada del licenciado, que en 10505mitad de su furia le detenía, y se la hacía besar como si fuera reliquia, aunque no con tanta devoción como las reliquias 10506deben y suelen besarse.

Finalmente, el licenciado le contó a estocadas todos los botones de una media sotanilla que traía
10507 vestida, haciéndole tiras los faldamentos, como colas de pulpo; derribóle el sombrero dos veces, y cansóle de manera que de 10508 despecho, cólera y rabia asió la espada por la empuñadura, y arrojóla por el aire con tanta fuerza, que uno de los 10509labradores asistentes, que era escribano, que fue por ella, dio después por testimonio que la alongó de casi tres 10510cuartos de legua; el cual testimonio sirve y ha servido para que se conozca y vea con toda verdad cómo la fuerza es vencida 10511del arte.

Sentóse cansado Corchuelo, y llegándose a él Sancho, le dijo:

-Mía fe, señor bachiller, si vuesa merced toma
10512mi consejo, de aquí adelante no ha de desafiar a nadie a esgrimir, sino a luchar o a tirar la barra, pues tiene edad y 10513fuerzas para ello; que destos a quien llaman diestros he oído decir que meten una punta de una espada por el ojo de una 10514aguja.

-Yo me contento -respondió Corchuelo- de haber caído de mi burra, y de que me haya mostrado la experiencia la
10515verdad, de quien tan lejos estaba.

Y, levantándose, abrazó al licenciado, y quedaron más amigos que de antes, y no
10516queriendo esperar al escribano, que había ido por la espada, por parecerle que tardaría mucho; y así, determinaron seguir, 10517por llegar temprano a la aldea de Quiteria, de donde todos eran.

En lo que faltaba del camino, les fue contando el
10518licenciado las excelencias de la espada, con tantas razones demostrativas y con tantas figuras y demostraciones matemáticas 10519, que todos quedaron enterados de la bondad de la ciencia, y Corchuelo reducido de su pertinacia.

Era anochecido, pero
10520antes que llegasen les pareció a todos que estaba delante del pueblo un cielo lleno de inumerables y resplandecientes 10521estrellas. Oyeron, asimismo, confusos y suaves sonidos de diversos instrumentos, como de flautas, tamborinos, salterios, 10522albogues, panderos y sonajas; y cuando llegaron cerca vieron que los árboles de una enramada, que a mano habían puesto a la 10523 entrada del pueblo, estaban todos llenos de luminarias, a quien no ofendía el viento, que entonces no soplaba sino tan 10524manso que no tenía fuerza para mover las hojas de los árboles. Los músicos eran los regocijadores de la boda, que en